El campo británico es el que más está sufriendo las condiciones climáticas extremas consecutivas que azotan el Reino Unido, primero con las inundaciones históricas de invierno que arruinaron los planes de siembra y después con las repetidas olas de calor veraniegas, ya vamos por la quinta, y la peor sequía registrada en casi un siglo.
El 70% del territorio de Inglaterra está en estado oficial de sequía y los embalses agrícolas y los ríos locales se han secado, provocando restricciones rígidas para el riego de cultivos. Se prevé una de las peores cosechas desde 1984.
El Reino Unido suele importar el 40% de sus alimentos, pero la Europa continental padece la misma ola de calor y sequía, lo que le impide acudir a los mercados vecinos para compensar la escasez o conseguir precios más baratos.
Los efectos ya se están viendo en los supermercados. Los precios de la lechuga casi se han duplicado, los tomates cuestan un 60% más y las papas un 40% más desde principios de verano. Los agricultores británicos exigen ayudas financieras urgentes e infraestructuras de agua para evitar la quiebra, mientras los analistas advierten que la inflación de los supermercados se disparará hasta el 5% o incluso al 8% en invierno.
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