Los enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán se reanudaron el martes 7 de julio cuando tres buques fueron derribados por Irán y el ejército estadounidense respondió atacando a más de 60 pequeñas embarcaciones y otros objetivos iraníes. Las hostilidades aparentemente se calmaron el viernes, aunque Trump continúa amenazando a Irán, ahora por un supuesto complot que buscaría asesinarlo y que tendría como consecuencia un bombardeo masivo de la República Islámica. Teherán busca desmarcarse de las agresiones asegurando que ha “cumplido su palabra” desde la firma del protocolo de alto al fuego.
La firma de dicho documento fue anunciada el 17 de junio con bombos y platillos a pesar de las ambigüedades sobre la administración del estrecho de Ormuz y que hoy serían el origen de la nueva escalada de violencia, así lo analizó para RFI el profesor de Relaciones Internacionales en Universidad Pontificia Comillas, Emilio García Coso.
Irán defiende que la apertura de la estratégica vía marítima por donde pasaban cerca del 20% de los hidrocarburos del mundo debe ser realizada en su zona costera, pero Estados Unidos busca una ruta alterna por la zona de Omán. Entonces “Irán interpreta que hay un incumplimiento del acuerdo y por lo tanto trata de ejercer algunas acciones para disuadir ese tráfico”, como fue el caso de los ataques a los buques comerciales de origen catarí y saudí.
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Por su parte “los Estados Unidos vuelven otra vez a bombardear zonas y ciudades del estrecho para deshabilitar esa capacidad de interceptación en el estrecho. El problema radica en esa ambigüedad del memorando”, resaltó el investigador.
Entra la espalda y la pared
El documento involucra al Sultanato de Omán, conocido como la “Suiza del Golfo” porque es un país históricamente neutro, atribuyéndole la misión de definir junto con Irán las reglas del paso de los buques según el derecho internacional.
El punto número 5 del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán dice textualmente que estos dos países definirán “la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz —en consulta con otros Estados ribereños del Golfo Pérsico—, de conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados costeros del estrecho de Ormuz”.
“En el principio Omán ha mantenido conversaciones bilaterales con Irán para ver cómo podían llevar a cabo el control del tráfico”, recordó García Coso.
“Esas conversaciones fueron cortocircuiteadas por el Departamento de Estado norteamericano —Omán siempre ha sido tradicionalmente un aliado de Estados Unidos—, pero no puede generar tensiones con su vecino directo que es Irán. Omán se encuentra entonces entre la espada y la pared porque si Estados Unidos le dice que debe permitir la zona de paso por sus aguas jurisdiccionales pues lo permite”.
Esta semana, en la cumbre de la OTAN, Trump dijo que el memorando de entendimiento llegó a su fin y que era una pérdida de tiempo negociar con Irán. El investigador pide prudencia ante estos comentarios porque “Trump nos tiene acostumbrados a que por la mañana dice una cosa y por la tarde dice otra”.
García Coso considera que las palabras de Trump buscan presionar a Irán para continuar en las negociaciones de paz. De hecho “Pakistán ha afirmado que el Comité Técnico entre Estados Unidos e Irán sigue negociando el famoso memorándum de entendimiento de Islamabad. Entiendo que van a continuar esas negociaciones y que no va a haber mayor incremento de la escalabilidad militar”.
“Aunque a Trump no le guste, la mejor solución para tratar de llegar a un consenso con Irán sería tratar de volver al acuerdo de Obama que era mucho más detallado. Estamos hablando de dos páginas que ha negociado la administración Trump versus las 159 páginas de la administración Obama y donde queda muchísimo mayor detalladas las obligaciones de ambas partes”, concluyó.
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