Es el séptimo viaje de Benjamin Netanyahu a Washington bajo la Administración Trump, pero es el único que ha adelantado de urgencia porque Irán, su tema histórico, está sobre la mesa.
Tras saber que el primer diálogo en Omán entre Estados Unidos y la República Islámica se basó en el programa nuclear iraní, el primer ministro israelí quiere hoy asegurarse de que Trump vele por los intereses del Estado hebreo, y eso incluye limitar los misiles balísticos iraníes y zanjar su apoyo a las milicias de Oriente Medio.
Mientras el enviado estadounidense para la región, Steve Witkoff, confía en un acuerdo con Irán a través del ministro de exteriores, Abbas Araghchi, Netanyahu reniega de las negociaciones y desea convencer a Washington de dar la estocada final al debilitado régimen de los ayatolás, lo que le daría puntos para las elecciones israelíes de octubre.
Según la prensa local, a pesar de cualquier acuerdo, el Gobierno israelí ya ha informado a la Casa Blanca de que se reserva "libertad de acción militar".
Aunque en junio de 2025, cuando Israel inició una guerra de 12 días contra Irán, Netanyahu sostuvo que la llamada "amenaza iraní" había desaparecido, ahora defiende que, sin un nuevo ataque, "Irán desplegará unos 2.000 misiles en semanas o meses".
Consciente de la presión israelí, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Ali Larijani, ha instado a los estadounidenses a "pensar con sensatez" y "no permitir" que Netanyahu sea quien dicte el marco de negociación.
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