La crecida devastadora que golpeó simultáneamente Nepal y el Tíbet el miércoles 26 de agosto dejó un saldo provisional de 362 muertos y más de 1.400 desaparecidos. La ola de destrucción arrasó aldeas enteras, carreteras, puentes y varias infraestructuras hidroeléctricas. Según los primeros análisis, el origen del desastre habría sido una enorme avalancha de rocas, hielo y escombros desencadenada por el colapso de un glaciar, que bloqueó temporalmente el cauce de un río antes de ceder y liberar una masa de agua y sedimentos a gran velocidad.
Desde Katmandú, el científico Prashant Baral, del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, explica a RFI que “una enorme masa de rocas, hielo y detritos se desprendió del glaciar y obstruyó el río. Ese dique natural cedió poco después, generando una ola de lodo y escombros que descendió violentamente por el valle y destruyó todo lo que encontró a su paso”.
Otros especialistas coinciden. El glaciólogo Étienne Berthier confirma que no solo se derrumbó un glaciar, sino un flanco entero de la montaña, sobre el cual se apoyaba la masa de hielo. Ese aporte de agua y hielo habría convertido la avalancha en una corriente extremadamente fluida y rápida, capaz de generar una auténtica “ola marrón” que avanzó por la frontera y penetró en Nepal, arrastrando viviendas y habitantes.
Imágenes de videovigilancia del lado chino muestran cómo un edificio fronterizo y varias personas fueron engullidos en cuestión de segundos. A medida que la ola avanzaba, iba desestabilizando los flancos del valle y sumando nuevos materiales, lo que amplificó aún más la magnitud del desastre.
La violencia del colapso fue tal que los sensores sísmicos registraron el evento como un sismo de magnitud 5,2, ocurrido a las 08:37 hora local.
El papel del cambio climático
Para determinar con precisión la influencia del calentamiento global en este caso, los científicos deberán analizar temperaturas del aire y del suelo. Sin embargo, ya se sabe que el aumento de temperaturas desestabiliza rocas, glaciares y suelos congelados en las zonas de alta montaña. “Con temperaturas más elevadas, los glaciares, los lagos glaciares y el permafrost cambian. Por eso es cada vez más probable que ocurran eventos de este tipo”, advierte Baral.
En un primer momento se barajó la hipótesis de una rotura súbita de un lago glacial (GLOF), un fenómeno cuya frecuencia aumenta con el cambio climático. El glaciólogo australiano Adrian McCallum recuerda que “la única forma de que tanta agua descienda de golpe es que haya sido liberada de manera súbita”, y subraya que el agua circula tanto dentro como debajo de los glaciares.
En toda la región himaláyica, millones de personas viven expuestas a este riesgo creciente, agravado por la construcción de centrales hidroeléctricas y complejos turísticos cada vez más en altura.
Temor a una segunda catástrofe
Las autoridades de Nepal y China alertaron este viernes sobre un nuevo peligro: la formación de un lago de represamiento generado por la acumulación de escombros en la salida del glaciar. El volumen de agua retenida y la estabilidad de ese dique natural son aún desconocidos, y determinarán si se producirán inundaciones secundarias.
Las poblaciones y los equipos de rescate han sido instados a mantenerse alejados de las riberas, especialmente de la río Bhote Koshi.
La zona permanece en estado de alerta. La avalancha inicial generó ondas sísmicas y dejó el terreno profundamente inestable. Nuevos desprendimientos de montaña o la formación de otros lagos por acumulación de sedimentos son escenarios posibles en los próximos días.
Compartir esta nota
