Texto de Pierre Fesnien, del servicio de deportes de RFI
Dos veces salvada por milagro ante Cabo Verde y Egipto, Argentina sabía que este cuarto de final contra Suiza sería un examen clave. Nunca dos sin tres: una vez más, la clasificación del equipo argentino rayó en lo milagroso, considerando la debilidad mostrada ante un rival suizo que, sin embargo, fue casi inofensivo. Aunque logró el pase a la siguiente fase, cada partido parece exponer más sus fragilidades y su dependencia de un Lionel Messi poco inspirado este sábado por la noche. Un gol y nada más.
Suiza comenzó mejor el partido ante unos argentinos tímidos. Fue un cabezazo de Alexis Mac Allister, tras un córner ejecutado por Messi, lo que puso a la Albiceleste en ventaja en el minuto 9. Por un momento, pareció que Argentina por fin tendría un partido sencillo, pero ese gol fue prácticamente lo único destacable en un primer tiempo soporífero, del que los argentinos fueron los principales responsables. Incluso cabe preguntarse qué habría pasado si no hubieran aprovechado ese tiro de esquina tan temprano. Tras el gol, Argentina cedió la iniciativa a los suizos, que acosaron el área argentina sin encontrar el camino al arco, mientras el equipo de Scaloni luchaba por salir con el balón, conformándose con su mínima ventaja.
Bien plantados en defensa pero muy limitados en ataque, Suiza no logró crear grandes oportunidades, aunque Argentina tampoco estuvo a la altura de su condición de campeón defensor. Como era de esperar, el exceso de cautela pasó factura. Tras varias incursiones por la izquierda, Dan Ndoye, el jugador suizo más destacado, empató el partido con un potente disparo cruzado que dejó sin chances a Dibu Martínez.
En apuros y con un juego casi inexistente, Argentina recibió un inesperado golpe de suerte. El árbitro sancionó inicialmente a Leandro Paredes con tarjeta amarilla por una falta sobre Embolo, pero tras revisar el VAR, cambió su decisión y amonestó al suizo por simulación, quien ya estaba advertido. Con Suiza reducida a diez, los argentinos intentaron ser más ofensivos, pero ni siquiera Messi, usualmente el salvador, logró evitar el alargue. Invisible durante casi todo el partido, La Pulga despertó tras la expulsión de Embolo, pero no logró batir a Kobel. Incluso con un jugador más durante los últimos 25 minutos, Argentina no logró romper la defensa suiza, lo que forzó la prórroga, la segunda en tres partidos para el equipo de Scaloni.

Julián Álvarez, el héroe de la noche
Finalmente, el héroe no fue Messi, sino Julián Álvarez. El delantero del Atlético de Madrid, hasta entonces callado en este Mundial, marcó el gol del milagro con un zurdazo desde la izquierda que se coló por la escuadra, dejando sin opciones a Kobel. Lautaro Martínez selló el 3-1 en el último minuto de la prórroga, con un contraataque letal mientras Suiza buscaba el empate.
Argentina nunca perdió el partido, pero tampoco logró imponerse en el juego durante este cuarto de final, uno de los más mediocres vistos en esta etapa de la competición. Los argentinos avanzan y se medirán a Inglaterra en semifinales.
Sin embargo, será difícil creer que Messi y su equipo puedan aspirar a un segundo título mundial consecutivo si no muestran una versión radicalmente diferente ante los Three Lions.
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