Primero, una evidencia: las mujeres siempre han estado presentes en contextos de guerra, ya sea acompañando a sus maridos en el campo de batalla o unos pasos atrás en la logística necesaria para sostener el combate o como soldados irregulares. Pero, sin importar la latitud o la naturaleza del conflicto, hasta hace poco el denominador común era la invisibilización de su papel.

En ‘Combatientes, cuando las mujeres van a la guerra’, la socióloga Camille Boutron explora todas las facetas de su participación desde hace siglos como reproductoras, claro, pero también “en un uso estratégico contra el adversario para atemorizar, en tareas de inteligencia, como trabajadoras sexuales. No siempre hubo esa frontera tan clara entre el mundo militar y el mundo civil”.

Hace un siglo aproximadamente cuando los ejércitos occidentales comienzan a “profecionalizarse”  las mujeres se van borrando hasta en las lavanderías donde compartían el día a día de los soldados. Pero no desaparecen, solo son apartadas del relato.

“Porque pone en cuestión muchas de las luchas feministas, por ejemplo, que reivindican el reconocimiento de los tipos de abusos que tienen que enfrentar las mujeres en situación de guerra y que son enormes. Hay otro debate en el feminismo que se pregunta si las mujeres que hacen la guerra pueden ser realmente feministas porque cuando tú miras las trayectorias de las mujeres que contribuyen al esfuerzo de guerra es una manera de reforzar lo contrario de la perspectiva feminista”, analiza Boutron

La primera etapa de la visibilización se hace, entonces, en el debate científico y luego entra en el debate público: “Una cosa es pensar las mujeres en la guerra y otra cosa es pensar el vínculo de las mujeres con la violencia. Me di cuenta trabajando sobre el ejército francés, por ejemplo, que pensar las mujeres en las fuerzas armadas francesas, para la mayoría de la gente no era pensar su relación con la violencia, con su capacidad de contribuir al homicidio colectivo, que es la guerra. El mayor tabú es la violencia, no tanto la guerra”.

Camille Boutron, que ha asesorado numerosos organismos como el Instituto por la Paz e inclusive la OTAN en cuestiones de defensa y género, conoce como la palma de su mano dos conflictos armados, el de Colombia y Perú. Para Boutron, la participación de las mujeres en la guerrilla de las FARC y su papel durante las negociaciones de los acuerdos de paz ya hace diez años es algo “único” con la creación de la subcomisión de género. Esa proyección efectivamente rompió barreras, pero reprodujo esquemas.

“Lo que fue nuevo es que las mujeres de las FARC que se encontraron dentro de la delegación y en esa subcomisión de género entendieron muy rápido y fueron estratégicas porque sabían que iban a sufrir al momento de regresar a la vida civil y que tenían que construirse una identidad no solamente como excombatientes sino como mujeres”, explica. Fue como forjaron un “feminismo insurgente” para no enterrar su pasado, revolucionarse y proyectarse hacia una vida en el espacio público.

Pero en la paz como en la guerra nada es blanco o negro. Las mujeres en la guerra no son solo víctimas o verdugos, pueden ser ambas. Y en este proceso de salir de las sombras de los cuarteles se ha vertido en una visibilización estratégica como en Ucrania.

Más de 40 000 mujeres sirven actualmente en las Fuerzas Armadas ucranianas: un 7% del efectivo total, según cifras oficiales. Y unas 5000 están en el frente en puestos de combate. En uno de los conflictos actuales más visibilizados y discutidos en la arena internacional donde las mujeres siguen luchando por ocupar el espacio que les corresponde en el ejército. Sin embargo, Kiev no duda en promocionar la feminización de su fuerza militar, que se inscribe en una estrategia de feminización de los ejércitos. Lo que no quiere decir que puedan acceder a los máximos puestos de combate.

Si bien Francia forma parte de los países que han levantado todas las barreras para combatir, los obstáculos siguen vigentes: “las mujeres pueden combatir, ir al frente, en teoría. Pero cuando ves los mandos, no los intermediarios o los altos mandos de los que están con el presidente en el sótano durante una operación especial ahí están los obstáculos. Sigue siendo un mundo de puros hombres”.

Para la socióloga francesa es indispensable mirar de cerca el poder político de las mujeres que integran los ejércitos. “Lo que observamos es que está directamente vinculado al hecho de experimentar el combate y al hecho de quién decide cuándo empieza y cuando acaba una guerra”. Y esto sigue siendo un atributo masculino en una guerra regular o en un conflicto armado.

Combatientes, cuando las mujeres van a la guerra’ editorial Les Pérégrines

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