“¡Por favor, díganle al resto del mundo que no estamos de acuerdo con esta estúpida mierda! No nos parece bien el fascismo. ¡No nos parece bien que vengan a nuestras comunidades, que nos maten y piensen que simplemente nos van a joder!”

Las lágrimas de Kelly, profesora y activista, resume el sentimiento de una parte de la población frente a la presencia reforzada de agentes federales antiinmigración en la ciudad.

Una operación federal sin precedentes

En diciembre 2026, el presidente Donald Trump envió 3.000 agentes adicionales en el marco de la mayor operación migratoria del país, bautizada “Metro Surge”. El despliegue del Immigration and Customs Enforcement (ICE) marcó un antes y un después en este estado del norte de Estados Unidos.

La presencia de vehículos sin identificación clara, operativos sorpresivos y agentes armados generó una sensación de “estado de sitio”. Vecinos describen una ciudad en estado de choque y de hipervigilancia permanente.

Vivir con miedo: el caso de Rosa

Rosa —nombre cambiado por razones de seguridad— nos recibe en un automóvil que no es el suyo. Está embarazada y teme ser detenida. Aunque su situación migratoria es regular, el riesgo de ser arrestada y eventualmente deportada la mantiene prácticamente confinada.

Desde hace tres meses casi no sale de su casa. Está separada de su compañero, que vive cerca de su lugar de trabajo. Su única salida es para ir a trabajar, y lo hace gracias a María, una voluntaria que le garantiza el traslado diario. Como Rosa, miles de migrantes en Minneapolis han reducido su vida al mínimo indispensable.

Los “ICE Watchers”: la resistencia ciudadana

Frente a las detenciones masivas, surgió una red ciudadana de observadores conocida como “ICE Watchers”. Profesores, estudiantes, obreros, exmilitares, ingenieros y vecinos sin afiliación política formal se organizaron para monitorear los movimientos de los agentes.

Angela es una de ellas. Durante su turno de vigilancia explica el protocolo: siempre en parejas, una persona conduce y la otra observa y reporta. Ante las armas de los agentes de ICE, ampliamente militarizados, los ciudadanos utilizan silbatos y bocinas para alertar a la comunidad cuando detectan operativos, y se comunican mediante mensajería encriptada las 24 horas del día. También registran placas de vehículos a través de una aplicación desarrollada por la propia red.

Uno de los puntos neurálgicos es el edificio federal conocido como Whipple Building, donde se concentran observadores y manifestantes. Allí mantienen un piquete permanente para contabilizar detenciones y visibilizar su rechazo a las acciones del ICE.

Solidaridad bajo cero

A pesar de temperaturas que oscilan entre los –20 y –30 grados, Kelly permanece sentada tras una mesa improvisada, sirviendo sopa caliente y recolectando donaciones.

“Hoy estoy aquí para asegurarme de que la gente esté bien alimentada y abrigada. Soy maestra y mi escuela es 93 % no blanca. Mis alumnos son mis hijos. Y este régimen viene a buscar a mis hijos. Lloro con lágrimas de rabia. ¿Por qué hacen esto?”

Las dos víctimas mortales de los operativos —Renee Good y Alex Pretti— eran ciudadanos estadounidenses, militantes anti-ICE. Sus muertes conmocionaron a la ciudad y reforzaron la percepción de que la violencia había superado el marco migratorio.

Un enfrentamiento político abierto

El gobernador demócrata de Minnesota, Tim Walz, denunció lo que calificó como una “ocupación federal”.

“Esta ocupación dejó de ser un asunto de control migratorio. Es una campaña de brutalidad organizada contra la gente de nuestro estado. Queremos que la calma y la normalidad regresen. Ellos quieren el caos”, declaró, pidiendo públicamente a Donald Trump que retire las fuerzas federales.

Para las autoridades locales, el despliegue de hombres armados como militares en un estado progresista y abiertamente opuesto a las políticas federales sería un intento de convertir a Minneapolis en un laboratorio de intimidación.

La batalla legal: el recurso del Habeas Corpus

Los abogados también se movilizaron. Suzana de León coordina recursos judiciales para frenar detenciones consideradas ilegales. Uno de los instrumentos clave es el habeas corpus, una acción civil ante tribunales federales que permite revisar la legalidad de una detención.

El objetivo es impedir que los arrestados sean trasladados fuera de la jurisdicción de Minnesota, donde aún cuentan con cierto respaldo institucional. En otros estados, como Texas, la mayoría de los detenidos permanecen sin poder comunicarse con los abogados, lo que acelera y facilita las deportaciones hacias el exterior del país.

En algunos casos, los recursos han prosperado gracias al apoyo de instancias locales.

Trauma colectivo

El impacto no es solo jurídico o político, sino también psicológico. Kayla Usby, psicóloga en Minneapolis y en la vecina Saint Paul, describe un cambio radical en su práctica.

“No creo que esto se haya calmado. Sigue habiendo violencia, estrés y miedo. Ahora mi terapia se centra en sobrevivir: ¿tienes comida?, ¿puedes ir al trabajo sin problemas? Ya no hablamos de ansiedad o depresión en términos clínicos, sino de cómo resistir y salir adelante”.

También reconoce el riesgo que asumen quienes se manifiestan: “Las muertes de Renee Good y Alex Pretti nos demostraron que quienes nos alzamos y queremos contraatacar estamos asumiendo un riesgo”.

Vigilia y memoria

Dos puntos de la ciudad se han convertido en lugares de concentración y recogimiento: la avenida Portland, entre las calles 33 y 34, y la esquina de Nicollet. Allí vecinos como Víctor Fuentes acuden a rendir homenaje a las víctimas.

Aunque el gobierno federal anunció el retiro de parte del contingente tras la presión pública, las redadas no han cesado completamente. Para muchos residentes, la sensación de amenaza persiste.

Hoy, sin embargo, Minneapolis también es símbolo de organización comunitaria. Entre el frío polar, las vigilias y las demandas judiciales, la ciudad resiste.

 

 

 

Minneapolis, la batalla de una ciudad en “estado de sitio”, un reportaje de Natalia Olivares y Pierre Zanuto.

Hemos cambiado la identidad de algunos entrevistados por razones de seguridad.

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