Informe desde Ciudad de México de Marine Lebègue
Los padres llegan poco a poco frente a este colegio del centro de Ciudad de México para recoger a sus hijos. Alrededor del establecimiento, los quioscos venden todo tipo de objetos con los colores del Mundial de fútbol, lo que termina irritando a Alicia Brito, que ha venido a buscar a su hija de 12 años.
“Este anuncio interfiere con nuestra organización de las vacaciones, pero también con el aprendizaje de los jóvenes, que ya llevan retraso desde la pandemia. Modifican la vida de millones de personas por solo 3 o 4 partidos que se pueden ver por televisión, y que además se juegan por la noche, así que no coinciden con el horario escolar. Solo quieren que la ciudad sea agradable para los turistas, y nosotros, que vivimos aquí, tenemos que sufrir las consecuencias”, se lamenta.
Como ella, los padres de los 29 millones de estudiantes mexicanos tendrán que organizarse rápidamente, al igual que los profesores, porque un año escolar más corto implica programas escolares recortados.
“Todo se decide en el último momento, sin pedirnos nuestra opinión. Nunca lograremos terminar el programa. Ya es difícil completarlo en condiciones normales, con un mes menos de clases, es imposible”, explica Juan Hernández, profesor de secundaria.
Ante el descontento general, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum recordó que estos ajustes del calendario aún no son definitivos, mientras tanto, los profesores ya han amenazado con ir a huelga si los cambios llegan a aplicarse.

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