Tras 12 años de una guerra civil que ha devastado el país y sumido al 80 % de la población por debajo del umbral de la pobreza, la tregua entre los rebeldes y el Gobierno de Adén sigue siendo frágil. Yazan vive en Dhamar, en el corazón del territorio controlado por los hutíes: “La población, mi familia, mis seres queridos, no pueden sobrevivir. No hay trabajo, no hay comida, no hay atención sanitaria. Imagínese hoy una nueva guerra, eso significa: prepárese para irse al infierno”.
Ya después del 7 de octubre de 2023, los hutíes habían abierto un frente de apoyo a sus aliados de Hamás, bajo el patrocinio de Irán, bombardeando buques en el mar Rojo. La respuesta estadounidense y británica causó un centenar de muertos y destruyó numerosas infraestructuras en Yemen.
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Rasheed vive en Saná, la capital. “La gente sigue reconstruyendo sus vidas y reparando los daños causados por la guerra”, recuerda. Pero el joven está convencido de que los hutíes acabarán viéndose arrastrados a la escalada regional: “Llegará un momento en que se verán obligados a apoyar a Irán. Por ahora, se están preparando. Están esperando el momento oportuno para intervenir. Eso me preocupa mucho… Tengo miedo por mi familia”.
Al entrar en guerra, Saná podría volver a interrumpir el tráfico marítimo en el mar Rojo, mientras que el comercio mundial ya se ve obstaculizado por Irán en el estrecho de Ormuz.
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