Impulsada por la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha radical), el primer partido del país, esta iniciativa, en una Suiza donde los extranjeros representan más de una cuarta parte de la población, tenía por objeto limitar la inmigración para evitar que la población residente permanente supere los 10 millones de habitantes de aquí a 2050, cuando actualmente el país cuenta con 9 millones.
La población suiza ha crecido desde el 2002 pasando de 7,3 millones en ese año a 9,1 millones en el 2026. El 28% son residentes suizos nacidos en el extranjero. Si se hubiera aprobado, el Gobierno tendría que haber tomado medidas de restricción de residencia y asilo si el número hubiera superado los 9,5 millones.
Los retos del crecimiento demográfico
Desde el punto de vista de la extrema derecha, hay retos que resultan problemáticos. “Escasez de viviendas, subida de los alquileres, urbanización del paisaje, atascos, trenes abarrotados, aumento de la delincuencia, un sistema sanitario al límite y la disminución de la calidad de la enseñanza”, constituyen los principales argumentos de los promotores de esta iniciativa.
“Un país pequeño que no es extensible”
“Suiza es un país pequeño que no es extensible” y nosotros “no queremos acoger a toda Europa ni a toda la miseria del mundo”, resume el diputado de la UDC Yvan Pahud, entrevistado por la AFP.
La iniciativa se presentaba como una respuesta de “sentido común” a una sensación de saturación. Sobre el terreno, algunos representantes del partido nacional-conservador aseguran querer tranquilizar a una población inquieta sin poner en tela de juicio la presencia de los extranjeros ya instalados.
“No le pedimos a nadie que se vaya, no somos racistas”, afirma así Olivier Agassis, viticultor y representante local del partido, al tiempo que evoca un creciente “hartazgo”. (con AFP)
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