Con información de Grégory Plesse, corresponsal de RFI en Australia, y Simon Rozé, redacción mediomabiental de RFI

Hay que reconocerlo: fue gracias a la insistencia de Australia que, por primera vez en la historia de las conferencias sobre el clima, se organiza una pre-COP, climática indica el corresponsal de RFI en Sídney. Y además, ésta cita previa tiene lugar, en Tuvalu, el país más directamente amenazado por el aumento del nivel del mar, cuyo territorio podría quedar sumergido en un 95 % ya para 2100.

Por otra parte, Australia, valiéndose de su condición de negociador principal, pretende hacerse el portavoz de las naciones insulares, tanto del Pacífico como de otros lugares, y defender sus prioridades: es decir, mantener el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5°C, mejorar el acceso a la financiación climática y dar mucho más espacio al océano en las negociaciones. Esta semana constituirá, por lo tanto, la primera prueba para la diplomacia australiana.

La paradoja australiana

Pero, al mismo tiempo, Australia es el tercer mayor productor mundial de energías fósiles. Por eso, como lo recordó recientemente Maina Vakafua Talia, ministro de Clima de Tuvalu, Australia no puede conformarse con palabras: “Queremos seguir trabajando con Australia para presionarla a que haga más por asegurar la supervivencia de nuestro pueblo (… )y, como miembro de nuestra familia del Pacífico, presionarla a que cumpla sus compromisos”.

Sin embargo, no parece que eso sea lo que está pasando. El miércoles pasado, Australia autorizó una mina de carbón —que debía cerrar a finales de año— a prolongar sus operaciones hasta el 2045, lo que se traduciría en la emisión de más de 800 millones de toneladas de CO₂ a la atmósfera.

Entonces, ¿qué sentido tiene seguir manteniendo el objetivo de 1,5°C? ¿Cómo acelerar realmente la reducción de las emisiones y la transición energética? Los países comenzarán a buscar los compromisos que luego podrían adoptarse en Antalya (Turquía) durante la COP31 en noviembre.

Con un tema crucial: el dinero. No solo el monto de los fondos, sino cómo acceder a ellos. Los Estados insulares llevan años denunciando que los procedimientos internacionales son tan complejos que, en ocasiones, les resulta muy difícil obtener los fondos disponibles.

En Tuvalu, los negociadores se enfrentan a la realidad

Porque la adaptación al cambio climático no es en absoluto algo abstracto: se trata de proteger un pueblo del aumento del nivel del mar, garantizar el acceso al agua potable, reconstruir tras un ciclón y, a veces, incluso reubicar a toda una comunidad. Y es por esta razón que se llevará a los líderes a Tuvalu, uno de los países más expuestos al aumento del nivel del mar causado por el exceso de CO2 en la atmósfera. Los líderes visitarán lugares afectados por el cambio climático y proyectos de adaptación. Obviamente, esto tiene un carácter simbólico: poner a los negociadores físicamente frente a las consecuencias de sus decisiones.

Esta pre-cumbre le permite también a las naciones del Pacífico impulsar su tercer gran tema: el océano. Estos Estados quieren que su protección y su papel climático se integren mucho mejor en las decisiones de la ONU. No se espera un gran acuerdo cuando concluya la pre-COP el jueves 8 de octubre. Se la juzgará por su capacidad para encarrilar la COP31, reducir las divergencias y, por una vez, destacar en el lugar mismo los desafíos de las islas del Pacífico, territorios literalmente amenazados de desaparición por las consecuencias del calentamiento global.

RFI

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