La Unión Europea lo ha dejado claro: incluso si la guerra terminara mañana, la crisis energética será larga porque las infraestructuras en los países del Golfo han sido dañadas.
Por ello, el comisario europeo de Energía, Dan Jorgensen, afirma que es necesario tomar medidas de ahorro. Y señala que hay que hacerlo sobre todo en el ámbito del transporte, ya que el diésel y el combustible para aviones se cuentan entre los productos más afectados.
La Comisión Europea está elaborando un plan, pero a a la espera de que llegue, invita a seguir las indicaciones de la Agencia Internacional de la Energía que incluye consejos como reducir el límite de velocidad en las autopistas, fomentar el teletrabajo o evitar los desplazamientos.
Bruselas insiste en que hay que trabajar unidos y evitar medidas unilaterales. Pero varios países han empezado a actuar. Algunos ejemplos: España apuesta por rebajar los impuestos a la energía, Hungría por fijar un precio máximo para el carburante y Francia por conceder ayudas a los transportistas.
Por el momento Bruselas insiste en que no hay riesgo de falta de aprovisionamiento. Pero si la guerra se alarga, las consecuencias se harán sentir, a largo plazo.
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