Cierto optimismo: eso es lo que se desprende del informe de Ron van Rooden. El responsable de misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) para Siria, nombrado el año pasado, destaca una serie de indicadores positivos: la producción de hidrocarburos se ha reactivado, al igual que la demanda interna, y se espera una buena cosecha agrícola este año.
Según las autoridades sirias, el país podría incluso alcanzar la autosuficiencia en trigo, algo que no ocurre desde el comienzo de la guerra civil en 2011.
Una profunda reestructuración, pero persisten importantes desafíos
El FMI también elogia el proceso de reestructuración económica emprendido por el Gobierno. La introducción de la nueva moneda, el pasado 1 de enero, se desarrolló sin problemas y los ingresos fiscales aumentaron con fuerza en 2026, impulsados, entre otros factores, por la venta de licencias de telecomunicaciones y los impuestos sobre los ingresos procedentes del petróleo.
Sin embargo, persisten importantes desafíos, entre ellos la gestión del regreso de los exiliados: por ahora, solo una cuarta parte de los seis millones de personas que huyeron del país ha regresado.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) también lanzó en junio una alerta sobre la inseguridad alimentaria, que afectaría a más de la mitad de la población.
La situación se ve agravada además por una elevada inflación que afecta especialmente a los alimentos, los carburantes y la vivienda. Según el FMI, no obstante, esta podría moderarse el próximo año.
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