Por Emmanuelle Chaze, corresponsal de RFI en Ucrania
En Járkov, la segunda ciudad más grande de Ucrania, más de 900 edificios permanecen sin calefacción tras los ataques rusos a gran escala contra las infraestructuras energéticas del país. Más de 100.000 hogares se han visto afectados.
En toda la ciudad, los cortes de electricidad afectan gravemente la vida diaria de los ucranianos. El alcalde Ihor Terekhov declaró el estado de emergencia ante el deterioro de la situación humanitaria.
En mi apartamento, la temperatura ronda los 8 grados durante las averías, y trabajo con la ayuda de una powerbank, una especie de pequeño generador que permite recargar el micrófono, el ordenador y otros aparatos eléctricos.
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Incluso resulta difícil conseguir agua potable, ya que muchas de las fuentes de distribución disponibles en la ciudad se congelaron. Aquí, como en el resto del país, las temperaturas son gélidas: desde hace varios días, el termómetro marca una media de -20 grados.
Las autoridades instan a los habitantes a refugiarse en los llamados “puntos de invencibilidad”, edificios públicos como escuelas o administraciones —alrededor de un centenar— transformados en islas de calor y energía, donde es posible resguardarse para entrar en calor, recargar dispositivos electrónicos, beber un té o un café caliente, o incluso pasar la noche si ya no es posible permanecer en casa a causa del frío.
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