Alfredo Pena-Vega construyó su vida en Francia y participó en la vida intelectual del país de la mano del filósofo Edgar Morin. Pero, el sociólogo en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) y Director científico del Programa internacional Pacto de jóvenes por el clima no había contado esta historia. Si lo hace ahora y recurriendo a la ficción es porque “estamos en un momento preocupante, no solamente en Europa, sino también en Latinoamérica y en otros continentes”, explica.  

“Preocupante porque las democracias están vacilando y la palabra vacilar queda corta”, y es por ello que el autor estima fundamental volver a la memoria. El segundo motivo es poner el foco en los adolescentes víctimas del pinochetismo, suyas historias han quedado en la sombra; “la adolescencia es un punto ciego de lo que se ha contado sobre la dictadura de Pinochet”. 

Alfredo Pena-Vega recuerda que cuando empezó a investigar sobre estas adolescencias en dictadura se percató de que no había “ningún escrito sobre los jóvenes adolescentes”.

“Para mí era importante contar esta historia porque se sabe muy poco de la represión de los jóvenes adolescentes en Chile. Hoy en día hay todavía más de 100 y pocos jóvenes desaparecidos. Y en el relato que yo cuento son jóvenes entre 14 y 16 años, que no tuvieron un relato”, agrega. 

Fredo es un adolescente cursando la secundaria cuando estalla el golpe de estado. Aunque él y sus compañeros son muy jóvenes ya están muy politizados, muchos adhieren al proyecto “utópico” de Allende pero otros se alinean con los ideales de la dictadura. Al encontrarse en el campo de los perseguidos a partir del 11 de septiembre de 1973, Fredo tiene que crecer rápido. La experiencia carcelaria a la par de adultos le deja una profunda melancolía, así como la obligación de abandonar su trayectoria escolar.

Una vida de errancia y exilio

La primera etapa del exilio lo lleva a Argentina, pero pronto debe huir nuevamente cuando la represión alcanza también ese país. Al mismo tiempo, otro régimen militar comienza a gestarse. Los refugiados chilenos quedan especialmente expuestos y vulnerables.

Con apenas recursos, marcado por el miedo y el hambre, llega a Brasil, un país que parece ofrecer refugio pero que pronto revela sus propios peligros. Recibido por un sacerdote cercano al régimen, debe marcharse antes de ser descubierto y empieza a sobrevivir bajo una identidad falsa. A partir de 1975, el Plan Cóndor toma forma y la persecución llega a cualquier rincón del cono Sur, las dictaduras militares sudamericanas entran en relación para reprimir sistemáticamente a todos los militantes de izquierdas, a los comunistas.

Las sombras del pasado que atraviesan el Chile actual

Cincuenta años después del golpe, la más reciente campaña presidencial que llevó a Kast al poder estuvo plagada de referencias a la época de Pinochet.“Creo que muchos pensaron que el retorno de la democracia era ya definitivo. Muchos se olvidan del capital de simpatía que tuvo Pinochet durante mucho tiempo y en una parte de la derecha chilena quedó todavía esa, digamos, nostalgia al dictador”, recuerda. 

“Creo que es importante que las personas recuerden y no solamente recuerden, sino que tengan presente de que la democracia no es una garantía.” 

Mis noches de exilio, Alfredo Pena-Vega. Editorial Atlande. 

Un programa coordinado por Yesica Brumec y Julia Courtois

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