En Israel no existe el voto a distancia para los ciudadanos expatriados. Sin embargo, "estas son unas elecciones que definirán el país", afirma Ganit Hirschberg, israelí residente justamente en París desde hace 25 años. Ella considera que "hay mucho trabajo y muchas reparaciones que hacer" en la sociedad israelí. Ya tiene comprado su billete de avión para votar el 27 de octubre, con la esperanza de ver derrotada a la actual coalición dirigida por el primer ministro Benyamin Netanyahu.
No es la primera vez que Ganit Hirschberg viaja para votar en unas elecciones israelíes. Pero esta vez observa una movilización masiva entre sus compatriotas residentes en el extranjero. Y, como ella, las personas con las que RFI habló en Estados Unidos, Francia, Alemania y Canadá confirmaron que ya han reservado sus vuelos.
La movilización es visible tanto en las redes sociales como en las conversaciones cotidianas, confirma Itai Novik, que vive en Berlín desde hace unos quince años. Él también planea viajar a Israel en otoño para castigar al gobierno saliente: "Hay mucho que decir, pero lo principal es el desastre que provocaron hace tres años con los ataques del 7 de octubre. Que el gobierno siga en el poder tres años después es realmente una vergüenza para el país", explica. Añade que ya ha “comprobado dos veces” que figura correctamente en el padrón electoral.
Un momento histórico
A veces alentados e informados por campañas en línea como Fly and Vote ("Vuela y vota"), estos expatriados están deseosos de sumar sus votos a los de quienes denuncian la deriva iliberal del gobierno de Netanyahu durante los últimos cuatro años. También expresan su frustración por el peso de los judíos ultraortodoxos, que a diferencia del resto de los israelíes suelen estar exentos del servicio militar.
"Creen que están exentos por naturaleza, pero no hay ninguna razón para que no aporten algo a su país", se irrita Ganit Hirschberg, que cumplió dos años de servicio militar, como la mayoría de las mujeres israelíes.
Anna Levi, de 20 años, viajará junto a sus padres para participar en una votación que define como un "momento histórico". La joven estudia en Canadá después de haber pasado varios años en Nueva York, donde su familia se instaló en 2018 procedente de Israel. Anna está convencida de que "el pueblo israelí ya no confía en su gobierno y hay que cambiarlo".
En su primera participación en unas elecciones legislativas, la estudiante describe estos comicios como "unas elecciones que determinarán el destino de Israel: podemos elegir un país mesiánico y racista, que comete crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, o podemos elegir un país de esperanza y cambio".
Roni también ya compró su billete de avión. Abandonó recientemente Israel, asqueado por la política impulsada por la coalición de derecha y extrema derecha en el poder. "Alguien me robó mi país y es como si hoy ya no lo tuviera", explica este jubilado de 71 años, que no posee otro pasaporte que el israelí.
Instalados en París desde hace tres años y medio, Roni y su esposa dicen sentirse "como refugiados". Forman parte de las decenas de miles de israelíes que han abandonado el país en los últimos años debido a una situación política que consideran asfixiante. Pero solo esperan una cosa: un cambio de mayoría que les permita regresar a vivir al país donde todavía residen sus hijos y nietos.
La ira de la derecha
"Se estima que un millón de israelíes viven en el extranjero, de los cuales 250.000 abandonaron Israel en los últimos tres años", explica Gideon Soesman, mientras el país cuenta con unos 10 millones de habitantes.
Instalado en Toronto, Canadá, donde dirige la campaña internacional del partido de izquierda HaDemocratim ("Los Demócratas"), este empresario asegura no haber visto nunca un entusiasmo semejante entre los israelíes expatriados para acudir a votar.
"Ya no soportan la situación. Están furiosos porque todavía no existe una comisión de investigación sobre el 7 de octubre de 2023 y sienten con mucha intensidad el aislamiento de Israel en la escena internacional", afirma.
Gideon Soesman está convencido de que habrá decenas de miles de votantes expatriados que viajarán para participar en los comicios. Según él, su movilización tendrá peso y favorecerá la formación de una coalición que encarne los "valores democráticos y liberales" que atribuye a su país.
Mientras tanto, su partido proporciona información y apoyo a los futuros votantes, aunque precisa: "En ningún caso financiamos billetes de avión ni alojamientos, algo que no nos está permitido como formación política".
Se trata de un asunto sensible, ya que la perspectiva de estos votos procedentes del extranjero agita el debate político en Israel. El Likud, el partido del primer ministro Benyamin Netanyahu, ha reaccionado con enfado, multiplicando las advertencias y considerando posibles acciones judiciales contra lo que denuncia como un intento de manipular el resultado electoral.
Los partidos gobernantes y sus partidarios critican especialmente las campañas de movilización surgidas en las comunidades de israelíes expatriados, incluso aquellas que se presentan como apolíticas.
Una situación que preocupa a Ganit Hirschberg a dos meses de su vuelo entre París y Tel Aviv: "¿Y si Netanyahu desencadena una guerra? Ya no habría vuelos, estaríamos obligados a ir nadando".
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