Como todos los martes en Irán, los presos de 61 cárceles del país llevarán a cabo hoy una huelga de hambre contra la pena de muerte. Se trata de una campaña que dura ya dos años y medio y que también ha sido retomada en el extranjero. A la sombra de la guerra contra Estados Unidos e Israel y tras las históricas manifestaciones de enero pasado, el régimen no deja de acelerar las ejecuciones. Sin embargo, tanto dentro como fuera de Irán, la movilización contra la pena de muerte como herramienta de represión no pierde fuerza.
Una de las imágenes más emblemáticas de esta movilización es la de los rostros del joven Alireza Sepahi y de su esposa, Mahshad Keshani. Ambos manifestantes, detenidos en enero pasado, se casaron en prisión. La ceremonia, celebrada por teléfono por el abogado de la pareja, en presencia de los padres de ambos, se difundió ampliamente en las redes sociales a través de una grabación de audio. Al día siguiente, Alireza Sepahi fue ejecutado.
Desde hace una semana, la imagen de los recién casados se comparte ampliamente como un mensaje de esperanza: el de un hombre que eligió el amor frente a la crueldad del régimen. Este domingo, mientras el abogado que había oficiado su matrimonio asistía a una audiencia judicial de la joven viuda, también fue detenido.
Otro acto de valentía tuvo lugar este fin de semana de la mano del rapero Toomaj Salehi, figura del movimiento «Mujer, Vida, Libertad», quien estuvo a punto de ser condenado a muerte y logró evitar la ejecución gracias a la movilización nacional e internacional. A pesar de los riesgos, sigue desafiando al régimen con la publicación de su nueva canción, Bi Daar, un llamado directo a apoyar a los condenados a muerte en Irán.
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