El informe del enviado especial de RFI en la zona de Bidur, Emmanuel Derville
La base militar de Bidur se ha convertido en un salvavidas para la población. Una larga cola de vecinos espera pacientemente ante la verja. Los soldados no dejan entrar a nadie. Están demasiado ocupados atendiendo a quienes han sido trasladados en helicóptero desde las zonas afectadas, mientras que otros quieren volver a sus casas a toda costa.
"Todos estamos esperando a que un helicóptero nos lleve. Queremos volver al pueblo. Llevamos tres días esperando", explica un hombre.

El ejército ha prometido que les tocará el turno. Pero sus helicópteros están demasiado ocupados evacuando a los damnificados que se han quedado atrapados en sus casas.
Dan prioridad a los más vulnerables. Januka acaba de reunirse con su hijo de dos años. "Va a la guardería al otro lado del río. La inundación se produjo después de que los niños llegaran al colegio. El centro no se vio afectado, pero el puente quedó arrasado. Se quedó en el colegio más de dos días", explica esta madre.

Cuatrocientos metros más allá, se han pegado una decena de hojas de papel en una pared. Las listas recogen los nombres de las personas que han sido evacuadas en helicóptero. Todos buscan desesperadamente a algún ser querido.
Lal Maya espera el regreso de sus tres nietos, que se han refugiado en casa de un vecino. "Están en una casa que ha resistido a la crecida. Está justo encima del mercado, que ha quedado devastado. Pero si se produce otra crecida, no sé si aguantará", dice esta mujer muy preocupa.

A falta de medios aéreos suficientes, las autoridades están empezando a reabrir algunas vías de comunicación. A 20 kilómetros al norte de Bidur, los habitantes del pueblo de Dhunche pudieron empezar a regresar a pie antes de ser evacuados por carretera, según informaba la prensa nepalí este sábado por la mañana.
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