Inaugurado el 24 de julio, es este lunes 27 que los vehículos comenzarán a atravesarlo. A primera vista, es una vía más que une Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, el puente Gordie-Howe es una de las infraestructuras más estratégicas de América del Norte. Con una longitud de 2,5 kilómetros, construido en ocho años por un costo de aproximadamente 5 mil millones de dólares, conecta Detroit, en Michigan, con Windsor, en Ontario. Otro puente ya conectaba las dos urbes desde hacía casi un siglo, pero esa obra histórica se ha convertido en víctima de su éxito. El corredor Detroit-Windsor es hoy en día el paso terrestre más transitado del continente. Cada año pasan cerca de 126 mil millones de dólares en mercancías lo que representa el 20% del comercio entre Canadá y Estados Unidos, aproximadamente.
Miles de camiones transitan diariamente por esta vía. El más mínimo incidente, ya sea un accidente, una avería o un retraso en los controles aduaneros, puede perturbar durante varias horas, incluso varios días, una parte de la economía norteamericana. El puente Gordie-Howe fue diseñado para aumentar las capacidades de circulación, pero también para ofrecer una solución en caso de saturación.
Industria automotriz
La importancia de esta infraestructura también se explica por el lugar que ocupa la región en la economía norteamericana. Detroit y Windsor forman una de los principales polos industriales del continente, especialmente en el sector automotriz.
Hoy en día, un vehículo ya no se fabrica en una sola fábrica, ni siquiera en un solo país. Un motor puede ser ensamblado en Canadá, luego es enviado a los Estados Unidos donde se le instala una caja de cambios producida en México y regresa a Canadá para una nueva etapa de fabricación. Los componentes cruzan así varias veces la frontera antes de que el vehículo sea ensamblado definitivamente. Este funcionamiento en cadenas de valor norteamericanas impone una circulación fluida de las mercancías. En este contexto, el puente Gordie-Howe se convierte en un eslabón esencial de esta organización industrial que asegura la logística entre los dos países.
Un puente político
Más allá de su papel económico, el puente Gordie-Howe también se ha convertido en un tema político. De vuelta en la Casa Blanca, Donald Trump consideró que el acuerdo concluido entre Ottawa y Washington no era lo suficientemente favorable a los intereses estadounidenses.
El presidente de los Estados Unidos amenazó entonces con retrasar la apertura de la infraestructura hasta que no se encontrara un nuevo acuerdo sobre los peajes y la gobernanza. Financiado casi en su totalidad por Canadá, el proyecto debía permitir inicialmente a Ottawa recuperar su inversión gracias a los ingresos de los peajes. Finalmente, se encontró un compromiso: durante quince años, una parte de los beneficios de la explotación será destinado a un fondo de desarrollo económico regional.
Esta negociación ilustra el grado de interdependencia entre los dos vecinos: si Canadá asegura que necesita del corredor comercial, es porque Estados Unidos también lo requiere de igual manera.
Los industriales estadounidenses también se beneficiarán de un tráfico más fluido, de costos logísticos reducidos y de una mejor seguridad de suministro. Las economías canadiense y estadounidense están hoy tan estrechamente vinculadas que las penalizaciones de un lado y otro afectan a ambos países.
El propio nombre del puente resume esta proximidad. Gordie Howe, leyenda canadiense del hockey sobre hielo, construyó la mayor parte de su carrera con los Red Wings de Detroit. Un símbolo que ilustra perfectamente esta frontera entre Canadá y los Estados Unidos: la línea la marcan los acuerdos políticos, pero la atraviesan los intercambios humanos, culturales y sobre todo económicos.
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