Por Clea Broadhurst, corresponsal de RFI en Pekín
Pekín endurece su postura y se niega a acatar las sanciones estadounidenses contra sus compras de petróleo iraní, reivindicando su libertad comercial. En la mira de Washington: refinerías independientes, especialmente en la provincia de Shandong, acusadas de importar crudo a bajo costo procedente de Irán.
Estos actores, conocidos como “teapots” (“teteras”), son pequeñas refinerías independientes y desempeñan un papel clave en China: absorben petróleo sancionado pero barato, abasteciendo una parte importante del mercado interno chino y permitiendo al mismo tiempo que Teherán siga generando miles de millones de dólares en ingresos.
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Para China, lo que está en juego es ante todo económico. Como primer importador mundial de petróleo, sigue dependiendo en gran medida de los hidrocarburos, especialmente de los del Golfo. Abastecerse de crudo iraní a precio reducido permite limitar los costos en un contexto de crecimiento desacelerado y márgenes industriales bajo presión. Pero la respuesta de Pekín va más allá de la mera lógica energética.
Al denunciar las sanciones “unilaterales” contrarias al derecho internacional -por carecer del respaldo de la ONU-, China rechaza la aplicación del derecho estadounidense más allá de sus fronteras y defiende su soberanía económica. Un mensaje político claro dirigido a Washington, mientras las tensiones con Teherán siguen siendo intensas.
A medida que se acerca la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, esta cuestión petrolera se perfila como un nuevo punto de fricción en una rivalidad estratégica que ya es global.
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