Con la corresponsal de RFI en Estocolmo
Con una copa de champán en la mano, Elisa Tove Christiansen, una mujer danesa-groenlandesa de 65 años, brinda por videoconferencia por esta victoria tan esperada. Ella estuvo presente este jueves 27 de agosto en el Parlamento danés para seguir la votación en vivo.
"Hubo unos cien votos a favor y unos diez en contra. Todas estábamos muy felices y aliviadas, nosotras, las mujeres que habíamos acudido a presenciar la votación. Fue un momento muy emotivo para nosotras, que nos demostró que vale la pena luchar", exclama.
Posteriormente, se reunió en privado con la ministra de Salud danesa. "Me hizo preguntas sobre mi vida, así que le conté un poco mi historia", continúa Elisa Tove Christiansen. "Se puso a llorar. Estaba muy conmovida. Espero que eso nunca, nunca, nunca le vuelva a pasar a ninguna niña, en ningún lugar del mundo".
"Esto no me devolverá mi útero, pero…"
Dinamarca llevó a cabo esas intervenciones en momentos en que Groenlandia tenía una de las tasas de natalidad más altas del mundo, y las autoridades veían el crecimiento demográfico de la etnia inuit como un obstáculo para la modernización y la sostenibilidad económica del territorio.
Elisa tenía solo 13 años cuando le colocaron, sin su consentimiento, un dispositivo intrauterino para adultos. Este acto provocó tantas complicaciones que tuvieron que extirparle el útero.
"Esto no me devolverá mi útero. No me devolverá los hijos que nunca tuve y no borrará todas las enfermedades y dolores con los que he vivido todos estos años, pero me demuestra que los políticos nos han escuchado", resume la mujer de sesenta años.
Explica que 203 mujeres recibirán una indemnización, pero espera que más víctimas se atrevan a dar un paso al frente y reclamen la compensación económica que les corresponde.
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