Estados Unidos espera que el G20 se una en su apoyo. Pocos días después de lanzar su campaña denominada “Paria económico” para asfixiar financieramente a Irán, la Administración Trump pretende insistir en un único mensaje: los países que sigan comerciando con Teherán se enfrentarán a sanciones estadounidenses.

Washington quiere un apoyo global para cortar las últimas fuentes de divisas de Irán, y en primer lugar el petróleo, que China sigue comprando en grandes cantidades.

¿La unidad, el talón de Aquiles de los países del G-20?

A fuerza de proferir declaraciones incendiarias sobre sus aliados, sin contar con su errática guerra económica, Donald Trump se ha enemistado con algunos miembros del G-20. Ahora bien, sin un acuerdo entre los países, resulta difícil llevar a cabo debates delicados y alcanzar un frente común.

Sobre todo, porque China, que está claramente en el punto de mira de Washington, ya ha dejado claro que tiene la intención de “proteger sus derechos e intereses” a toda costa.

La medida de presión de Washington

Para animar a los demás países del G-20 a cooperar con ellos contra Irán, el gobernador de la Reserva Federal ejerce presión mediante amenazas. Así, cualquier país que siga comerciando con Irán será objeto de sanciones secundarias. Un arma poderosa, que permite a Estados Unidos excluir de la economía mundial a cualquier empresa, banco, armador o refinería que trabaje con Teherán. El método para hacerlo consiste en congelar los activos estadounidenses e impedir el acceso al mercado del dólar a los países en cuestión que no respeten el ultimátum.

Amenazas que no asustan a China

La medida que más afectaría a China sería que Washington sancionara a un gran banco chino aislándolo del dólar. Sin embargo, eso implicaría correr el riesgo de una escalada importante con Pekín, algo que Donald Trump no desea. Ahí radica, pues, todo el dilema para su Administración, que, a pesar de todo, debería aprovechar este G-20 para mantener una postura firme y hacer que sus amenazas sean muy visibles en la escena internacional.

La situación presupuestaria, el talón de Aquiles de Estados Unidos

Con su deuda récord, que acaba de superar los 40 billones de dólares, Estados Unidos preocupa al resto de miembros del G-20.

Este año, el gasto en intereses de la deuda estadounidense se acerca a los 1,2 billones de dólares. A modo de comparación, equivale aproximadamente al PIB de los Países Bajos.

La gigantesca deuda estadounidense tiene consecuencias directas sobre la economía internacional, que se está contrayendo. Los tipos de interés de los empréstitos estatales aumentan en todo el mundo a medida que se capta cada vez más capital para financiar la deuda de Estados Unidos.

En conclusión, durante estos dos días del G-20 dedicados a las finanzas, Washington tendrá que convencer a sus socios de que apoyen su guerra económica contra Irán, al tiempo que les tranquiliza respecto a su propia deuda y a la solidez del dólar. Esto no es precisamente lo que se puede considerar “estar en una posición dominante”

RFI

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