"Aquí tienen unas plantas de maíz sembradas a principios de abril que apenas están alcanzando la fase de floración. Algunas ya empiezan a marchitarse. La cosecha será probablemente casi nula", lamenta Bertrand Feugnet. En amplias zonas de Francia no ha caído una sola gota de lluvia desde hace semanas. En su región, las temperaturas superan en más de 10 grados los valores habituales para esta época del año.
"Estamos sufriendo un déficit hídrico enorme. Creo que el cultivo del maíz se va a volver muy complicado. Necesitamos desarrollar sistemas de riego mediante el almacenamiento de agua. No vemos otra solución. Eso significa guardar agua durante el invierno para poder utilizarla en verano", explica.
La cuestión del almacenamiento de agua es una preocupación constante para este ganadero, viticultor y productor de cereales que dirige una explotación familiar. Afiliado a la FNSEA, el principal sindicato agrario francés, no entiende algunas de las reticencias planteadas en nombre de la protección ambiental.
"Nos dicen que no hay alternativa. Es lo que ya se ha hecho en países del sur como España, Portugal o Marruecos. Para alimentar a los animales y producir alimentos para las personas necesitamos agua. No podemos hacerlo de otra manera. Justamente aquí enfrente tienen un embalse de almacenamiento construido en los años 2000. En aquel momento fue una iniciativa pionera. Se llenó poco a poco durante el invierno y ahora dispone de agua para el verano. Gracias a eso puede seguir cultivando maíz. Se puede ver al fondo", señala.
Actualmente, el Parlamento francés debate un proyecto de ley de emergencia agrícola destinado a responder al malestar del sector. Entre sus medidas figura la simplificación de los procedimientos para construir infraestructuras de almacenamiento de agua, incluso en zonas húmedas, espacios considerados esenciales para la biodiversidad.
Una perspectiva que preocupa a Jean-Pierre Georges, responsable de asuntos relacionados con el agua en la región de Nueva Aquitania dentro de la organización ecologista France Nature Environnement. A su juicio, es necesario establecer prioridades y avanzar hacia una profunda transformación del modelo agrícola.
"El almacenamiento de agua debe destinarse a actividades prioritarias, como la horticultura, la ganadería o la agricultura ecológica. Llegará un momento en el que tendremos que reducir el peso de los grandes cultivos porque no habrá suficiente agua para cubrir todas las necesidades. También debemos considerar nuevas producciones agrícolas y repensar nuestro enfoque. Durante años se eliminaron los setos porque se consideraban un obstáculo, cuando en realidad ayudan a conservar la calidad del suelo. Hoy los terrenos se drenan para evacuar el agua lo más rápido posible y, cuando llega el verano, queremos volver a traerla. Lo más sensato sería conservarla desde el principio", afirma.
Conservar el agua y devolverla al suelo es precisamente la apuesta que hizo Éric Germond hace tres décadas. Este agricultor ecológico y criador de vacas limusinas, en el noreste del departamento de Charente, abandonó el modelo intensivo, dejó de cultivar maíz y reconstruyó un ecosistema capaz de retener mejor el agua.
"Hoy sabemos perfectamente que sin árboles no habrá futuro para la humanidad. Empecé plantando árboles hace 30 años y ahora proporcionan sombra y ayudan a almacenar agua. En cambio, las zonas donde han desaparecido los paisajes de setos y arbolado acabarán convirtiéndose en desiertos. Nuestro modelo busca retener el agua en el suelo. Aun así, es posible que en el futuro tengamos que adaptarnos aún más porque la cantidad de agua disponible seguirá disminuyendo. No sé exactamente cómo, pero la agroforestería forma parte de la solución", sostiene.
Según la Oficina Francesa de la Biodiversidad, desde 1950 han desaparecido cerca del 70 % de los setos tradicionales del campo francés, en gran medida debido al desarrollo de la agricultura cerealista intensiva.
Más que nunca, el debate sobre el reparto de los recursos hídricos pone sobre la mesa una cuestión de fondo: qué modelo agrícola necesita Francia para adaptarse a un clima cada vez más cálido y seco.
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