Durante mucho tiempo, la SNCF fue prácticamente la única empresa que operaba las líneas francesas de alta velocidad. Hoy, la situación ha cambiado. Con la apertura a la competencia, otros operadores ingresaron al mercado francés. Es el caso, en particular, de la italiana Trenitalia, que opera las rutas París-Lyon y París-Marsella, o de la española Renfe, presente en algunas conexiones entre Francia y España. Para la SNCF, el desafío consiste, por lo tanto, en defender su participación de mercado. Y eso requiere trenes más modernos, pero sobre todo más competitivos desde el punto de vista económico.

El TGV M, cuya “M” significa “modulable”, no irá más rápido que los demás TGV. Sin embargo, cuenta con otras ventajas. Puede transportar hasta 740 pasajeros, lo que representa aproximadamente un 20% más de asientos que las generaciones anteriores. El objetivo es transportar más pasajeros sin aumentar la cantidad de trenes en las vías. Una manera de incrementar los ingresos de cada servicio y optimizar el uso de la red ferroviaria.

Otra ventaja: se prevé que el nuevo tren consuma un 20% menos de energía. Un ahorro importante para la SNCF, en un contexto en el que la electricidad representa un gasto significativo para las compañías ferroviarias. El mantenimiento también debería ser más económico. El TGV M cuenta con sensores y herramientas de diagnóstico capaces de monitorear el estado de ciertos equipos y anticipar posibles fallas. La idea es intervenir antes de que surja un problema, para reducir el tiempo que los trenes permanecen fuera de servicio y mantenerlos en circulación el mayor tiempo posible.

La SNCF también quiere expandir sus actividades a nivel internacional

La batalla de la alta velocidad ya no se libra únicamente en el mercado francés. Ahora se desarrolla a escala europea. Así como las compañías extranjeras están presentes en Francia, la SNCF también busca expandirse más allá de sus fronteras. El grupo tiene presencia, en particular, en Italia, España, Suiza, Bélgica y el Reino Unido, en este último caso con Eurostar.

El TGV M debe, precisamente, acompañar esta expansión internacional. De los 160 trenes encargados al fabricante Alstom, una parte está destinada a circular en el extranjero. La inversión de 4.600 millones de euros, por lo tanto, va mucho más allá del mercado francés. Debe permitirle a la SNCF contar con material rodante capaz de respaldar sus ambiciones comerciales en varios mercados europeos.

Alstom y el sector ferroviario francés frente a la competencia mundial

Más allá de los desafíos comerciales, el TGV M también representa un proyecto industrial de gran envergadura. Alstom fabrica el tren en Francia. Varias plantas del fabricante participaron en el proyecto, con miles de empleos en juego en el sector ferroviario. Un sector en el que la competencia es particularmente intensa. La alemana Siemens figura entre los principales actores europeos, mientras que China ocupa un lugar destacado en el mercado mundial de la alta velocidad. Actualmente cuenta con la red de líneas de alta velocidad más extensa del mundo, con más de 47.000 kilómetros.

Para Alstom, el desafío también consiste en preservar sus conocimientos y capacidades industriales y poder exportar sus tecnologías. El TGV M es, así, mucho más que un nuevo tren para la SNCF. Constituye una inversión destinada a defender sus posiciones en Francia, acompañar su expansión internacional y preservar la competitividad de la industria ferroviaria francesa.

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