El regreso a casa este fin de semana de Liam Conejo Ramos, el niño de cinco años cuya detención por agentes federales de inmigración en Mineápolis hace dos semanas dio la vuelta al mundo, se ha interpretado como una posible señal de distensión en la política antiinmigrante de Donald Trump.
"Liam ya está en casa, con su gorro y su mochila", escribió en X el representante demócrata por Texas, Joaquín Castro, junto a una fotografía del pequeño.
El pasado 20 de enero, Liam y su padre fueron arrestados durante una redada del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) dirigida a detener y deportar a inmigrantes indocumentados.
Paralelamente, se ha solicitado sancionar a los dos agentes del ICE implicados en la muerte de Alex Pretty, ya identificados por las autoridades. Sin embargo, la amenaza de nuevas redadas continúa y la presión en las calles de Minneapolis no cede.
Desde el fallecimiento de Alex Pretty, los manifestantes contrarios al ICE mantienen un piquete permanente donde reparten comida y bebidas calientes. Entre ellos está Christine, maestra de una escuela local, que sirve sopa a los asistentes y asegura que no descansarán "hasta que ICE se marche y todos los niños y las familias vivan sin miedo", dijo a RFI.
"Soy maestra. En mi escuela, el 93% de los estudiantes no son blancos. No me siento bien con lo que está pasando porque mis alumnos son como mis bebés. Y este régimen está persiguiendo a mis bebés. ¿Cómo lidiar con esta rabia?", añade con la voz entrecortada.
Miles de padres inmigrantes permanecen encerrados en sus casas en Mineápolis, aterrados ante la posibilidad de ser separados de sus hijos por la policía migratoria estadounidense. Confían en que los miles de agentes federales enviados por Trump hace dos meses a esta ciudad del Medio Oeste terminen marchándose pronto.
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