Por Marius Laffont
Las osamentas se extienden a lo largo de 11 metros y no hay que ser muy alto para poder seguir a Isabelle Knafou, administradora de las Catacumbas de París, por estos laberintos. “Hay que imaginarse que estas paredes de huesos llegaban realmente hasta el techo”, explica.
600.000 visitantes al año
En este lugar tan insólito como impresionante, millones de huesos de hace varios siglos rodean a los visitantes. Datan de la época en que los cementerios estaban llenos. La única solución: almacenar los huesos en las antiguas canteras bajo París.
“Se ha renovado todo”, continúa la administradora. “Tenemos 600.000 visitantes al año. El CO₂ generado por la presencia de este público podía suponer un problema para la conservación de los huesos”, detalla.
Protección contra la humedad, el musgo, nueva iluminación… El cementerio subterráneo más grande del mundo necesitaba un nuevo impulso. En total, se gastaron cinco millones de euros en obras.
De la curiosidad al interés histórico
Los primeros visitantes se apiñan en el túnel. Van de una actividad a otra, con la nueva audioguía en los oídos. Se ha renovado toda la museografía. Para la administradora, lo que atrae a tantos visitantes es que se trata de un lugar que despierta la curiosidad.
“Es uno de los lugares insólitos, entre comillas, del mundo. Y nos corresponde a nosotros pasar de esa curiosidad más o menos macabra para llevar a la gente a comprender todo el interés histórico del lugar”, apunta.
Con esos cráneos y esas cabezas cuidadosamente apilados, las Catacumbas alimentan desde hace tiempo la cultura pop. Es una novedad de la visita: una pantalla muestra obras que hablan del lugar.
Turistas encantados
Las Catacumbas están llenas todo el día. Al salir, los turistas quedan encantados. “Esperen, voy a recuperar el aliento. Las escaleras son empinadas, es bastante intenso ahí abajo… Con todos esos huesos, esas luces, es realmente impresionante. Hicieron que París fuera habitable trasladando todos los cadáveres, pero todo ello sin dejar de mostrar respeto por esas personas que construyeron la ciudad. Nos pareció apasionante”, comenta una turista anglófona.
Otra turista interviene: “Cuando ves la cantidad, el número de huesos, el número de vidas humanas de todos esos parisinos, todas esas vidas que se desarrollaron allí, es muy emotivo y fascinante”, dice.
A largo plazo, el recinto debería acoger conciertos y actuaciones artísticas.
Compartir esta nota
