Por la enviada especial de RFI a Bidur
Sentada en un banco frente al gimnasio de la asociación de taekwondo de Bidur, Suchita, de 36 años, mece a su sobrino. "Tiene 15 meses, era amamantado, todavía busca la leche de su mamá", dice con emoción. La madre del niño murió en las inundaciones; fue la abuela quien salvó al niño. "Sigue muy traumatizada por haber perdido a sus dos nueras y a sus dos nietos", continúa Suchita.
El niño y la abuela viven ahora en este gimnasio, sobre colchonetas, junto con otros 200 sobrevivientes. Y a Suchita le cuesta consolar al pequeño. "La primera noche no durmió; teníamos miedo de molestar a los demás a nuestro alrededor", cuenta ella. "Mi hijo de 7 años también llora mucho; me dice que extraña mucho a sus primos que fallecieron, con quienes tenía mucha cercanía".
Afuera, unos quince niños juegan en un rectángulo de césped. Hay un carrusel y un tobogán. Al lado, hay tiendas blancas instaladas por la ONG Save the Children y otras asociaciones. Estos espacios están reservados para los más pequeños con el fin de devolverles una rutina y puntos de referencia en un lugar seguro. Allí hay dibujos para colorear, libros ilustrados y juegos de mesa. "Por lo que he podido ver, aquí la situación es un poco mejor que en otros centros", explica Achita Thieng, quien trabaja en nombre de una asociación de psicología transcultural, TPO Nepal. "Por ahora nos enfocamos en la atención psicológica de emergencia".
Cuidar también en el futuro
El objetivo: escuchar, observar, evitar que los traumas se arraiguen a largo plazo. "Algunos niños permanecen muy callados, parecen no haber comprendido aún lo que pasó", continúa Achita Thieng. "Otro niño cree, cada vez que ve pasar un helicóptero, que sus padres están ahí dentro y que van a regresar, cuando en realidad los vio morir ante sus ojos", añade.
Varias asociaciones, ONG y el Ministerio de Salud han enviado psiquiatras, psicólogos y consejeros. Ahora queda distribuir adecuadamente esta ayuda, sobre todo en las zonas afectadas y aisladas. Y una vez superada la emergencia, habrá que atender posibles trastornos de larga duración: depresión, ansiedad, estrés postraumático…, explica Achita Thieng. "En uno, dos o tres meses, habrá que poder ofrecer un seguimiento regular", aboga.
Según UNICEF, más de 17.000 niños necesitan ayuda y apoyo psicológico de manera urgente tras las devastadoras inundaciones ocurridas en Nepal el 26 de agosto, una de las mayores catástrofes de las últimas décadas en el país. También según UNICEF, 541 menores se encuentran solos y no han podido reunirse con sus familiares. Varias ONG, como Save the Children, alertan: tras un desastre de esta magnitud y el empobrecimiento repentino de muchas familias, existe el riesgo de que aumenten los casos de trabajo infantil, matrimonios precoces y trata de niños.
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