Los récords de calor se suceden en Asia: 41 °C en Japón, 42 °C en Corea del Sur y hasta 48 °C en la India este año. En Corea del Sur, el gobierno ya habla de “desastre nacional”. Ante temperaturas que rondan los 38 °C, las autoridades piden a los habitantes que se queden en casa y multiplican las alertas por SMS.
Pero el teletrabajo en una vivienda con aire acondicionado sigue siendo un privilegio reservado a una minoría y muchos trabajadores no tienen más remedio que seguir trabajando al aire libre.
Mientras algunos habitantes se refrescan los pies en el río Cheonggyecheon, en pleno centro de Seúl, a pocas calles de distancia, los trabajadores de una obra sufren de lleno el calor.
Desde el inicio del verano, Corea del Sur ha registrado 19 muertes relacionadas con el calor y más de 2.200 hospitalizaciones, que afectan principalmente a trabajadores que realizan sus labores al aire libre.
El Niño y el cambio climático: una doble amenaza
Corea del Sur dista mucho de ser un caso aislado. En toda la región de Asia-Pacífico, tres cuartas partes de la población activa ya están expuestas a temperaturas extremas. Debido al calor, el ritmo de trabajo se ralentiza, las jornadas laborales se acortan y los problemas de salud se multiplican. Según el Banco Mundial, las altas temperaturas hacen que las economías asiáticas pierdan el equivalente a 31 millones de empleos de tiempo completo cada año.
“Para muchos trabajadores, el sustento es más importante que su propia vida”, resume Jason Lee, director de la división del Sudeste Asiático de la Red de Información sobre Salud y Calor de la ONU, en una entrevista con Melissa Barra.
Desde Singapur, destaca los efectos combinados del fenómeno de El Niño y el calentamiento global. “Por un lado está el fenómeno de El Niño, por el otro el calentamiento global. Algunos tienen la posibilidad de escapar del calor. Pero muchos no tienen esa opción y seguirán corriendo riesgos, hasta sucumbir”, señala también Jason Lee.
Para él, las políticas públicas deben tomar en cuenta el efecto dominó de sus medidas. “Tomemos el ejemplo del cierre de las escuelas en caso de ola de calor. Por un lado, esto permite proteger a los niños. Pero si lo analizamos más a fondo, debemos preguntarnos si el aire acondicionado en casa es más eficaz que en la escuela y si los padres no corren el riesgo de perder su empleo si se quedan en casa para cuidar a sus hijos”.
Según las estimaciones, 230.000 personas han fallecido a causa de las altas temperaturas en las últimas dos décadas en Bangladés, Nepal, Sri Lanka y la India.
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