El estacionamiento de ambulancias de Tiro se ha convertido en una especie de cementerio de vehículos de rescate. Algunos están completamente destrozados por ataques de misiles. En los últimos días, han llegado dos unidades nuevas en ruinas.
“Fue muy duro para nosotros”
“Teníamos a un compañero que vino a saludarnos cinco minutos antes del desayuno. Luego se fue a trabajar. En cuestión de segundos, prácticamente, nos llegó la noticia de su muerte. Un ataque del enemigo despiadado lo había alcanzado. Todo ocurrió muy rápido y fue muy duro para nosotros”, cuenta Ali Moghniyeh, paramédico de la Sociedad Islámica de Salud.
Israel ha advertido que las ambulancias pueden ser blanco de ataques, acusando a miembros de la defensa civil —como los de la Sociedad Islámica de Salud, vinculada a Hezbolá— de usar sus vehículos para fines militares.
Pero es una acusación que indigna a Abdallah Nour Al-Dine, director local de esta organización: “Esas afirmaciones son totalmente falsas. Nuestros vehículos están ahí. Deténganse, abran los vehículos, tómenles fotos y vean que adentro no hay nada que pertenezca a los combatientes. Pero los israelíes quieren mentir y que la gente se lo crea, y nosotros rechazamos esa posición”, comenta.
“Claro que tengo miedo”
Estas ambulancias suelen trasladar a los heridos al hospital Jabal Amel de Tiro, que ya ha recibido a más de 115 fallecidos y 250 heridos. Hace unos días, un centro médico más al sur fue bombardeado, al igual que varias carreteras de la zona.
“Claro que tengo miedo. El miedo es una cosa y resistir es otra. Por supuesto, busco traer suministros, gasolina, electricidad, comida. A diario hago provisiones. Los médicos y enfermeros, además del personal administrativo, de cocina y lavandería, todos duermen aquí, con sus familiares. Cada familia ocupa una habitación”, explica el doctor Wael Marwa, director del hospital Jabal Amel.
Decenas de desplazados también han encontrado refugio en este hospital, como esta mujer mayor que prefiere no dar su nombre. Es oriunda de la localidad de Aytit, donde muchas casas han sido destruidas. “Algunos de nosotros seguimos aguantando hasta ahora. Pero si la cosa se complica más, no nos quedará más remedio que irnos de aquí también; que Dios nos dé paciencia”, dice.
Los combates se intensifican en el sur del Líbano y la OMS ha hecho un llamado para detener los ataques contra el personal de salud.
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