Ya nadie serio cuestiona el consenso científico: el calentamiento global, en marcha desde los inicios de la globalización, está provocando un aumento de los fenómenos climáticos extremos. Solo en 2026, el mundo se enfrentó a una ola de calor a principios de enero en Australia, récords de calor registrados en América del Norte en marzo, temperaturas extremas en India y Pakistán en la primavera, y ahora dos episodios de calor consecutivos en Europa.

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Las consecuencias económicas a corto plazo son evidentes: en períodos de calor extremo, la gente sale menos, el consumo disminuye, muchas obras se detienen, los hospitales están bajo presión y las escuelas cierran, lo que obliga a los padres a mantener a sus hijos en casa o llevarlos al trabajo. En general, la productividad se desploma. Según un estudio de Allianz Trade, los episodios de calor extremo podrían costarle 210 mil millones de euros a la economía francesa para finales de la década.

Consecuencias a largo plazo para todas las economías

A más largo plazo, las consecuencias podrían ser mucho peores. El miércoles 24 de junio, Scientific Climate Ratings, una filial de la EDHEC (una gran escuela francesa), publicó la primera calificación de riesgos climáticos. De la misma manera que las agencias de calificación se enfocan en el riesgo financiero de los países y en su capacidad para pagar sus préstamos, la idea es analizar en esta ocasión el riesgo climático y estimar el impacto económico del calentamiento global para cada uno de estos países. Brasil, por ejemplo, aparece como un país particularmente vulnerable debido a su dependencia del sector agrícola. De hecho, la agricultura es una de las actividades más sensibles al calentamiento global: las sequías, las inundaciones y todos los fenómenos climáticos extremos afectan las cosechas. Los autores estiman que el PIB brasileño podría disminuir casi un 6 % de aquí a 2035 e incluso un 13 % de aquí a 2050 debido al calentamiento global.

La catástrofe económica estará a la altura de la catástrofe ecológica

Entre los países del G20 más expuestos, también se pueden mencionar a Arabia Saudita, la India y los Estados Unidos. En el otro extremo del espectro se encuentran los países más fríos, como Rusia y el Reino Unido, que están menos expuestos directamente, pero que, pase lo que pase, también verán cómo se reduce su PIB. La catástrofe económica será de la misma magnitud que la catástrofe ecológica: será menor si logramos contener el calentamiento global en 1,5 grados para finales de este siglo (el objetivo fijado al momento de la firma del Acuerdo de París en 2015).

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Por el contrario, si no se toman a tiempo las medidas necesarias y las temperaturas aumentan tres grados, el cataclismo económico será terrible. La trayectoria actual nos acerca más bien a este segundo escenario. Lo que suceda a partir de ahora depende de nosotros, de nuestros líderes, de las políticas públicas y de las empresas. Aún estamos a tiempo de actuar, si no es por las generaciones futuras, al menos por el PIB.

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