Con el invierno cada vez más cerca, Kiev lleva semanas pidiendo que ambos países dejen de atacar sus respectivas infraestructuras energéticas. Pero los términos de esta supuesta tregua siguen sin estar claros y los bombardeos rusos continúan.
Ese alto el fuego energético parece haber existido únicamente en la cabeza del presidente estadounidense, Donald Trump… En todo caso, los principales interesados, Kiev y Moscú, ni siquiera parecían estar al tanto anoche de que se hubiera alcanzado un acuerdo…
Apenas unas horas después de este sorprendente anuncio de la Casa Blanca, Rusia bombardeó una central térmica en las afueras de Járkiv, en el noreste de Ucrania. Una instalación que cubre una parte importante de las necesidades de calefacción y electricidad de la segunda ciudad del país.
No sería la primera vez que Donald Trump presume de supuestos éxitos diplomáticos. En Ucrania predomina, más bien, el escepticismo, aunque el presidente Volodímir Zelenski volvió a recordar esta mañana, al margen de un foro en Varsovia, lo que lleva semanas repitiendo: “Si Rusia quiere que dejemos de atacar sus refinerías de petróleo con armas de largo alcance, debe dejar de atacar nuestras infraestructuras críticas. Y dejar de matar a nuestra gente”.
Para llegar a un acuerdo hacen falta dos. Y anoche, seis personas murieron en los bombardeos rusos contra Ucrania. Este lunes, además, el Kremlin manifestó que “Rusia prefiere una "paz duradera" con Ucrania a un “alto el fuego”.
La presidencia rusa se negó en efecto este lunes a confirmar si entró en vigor una tregua con Ucrania en los ataques contra las infraestructuras energéticas. "Los contactos continúan. En cuanto tengamos algo que decir al respecto, no dejaremos de informárselo", declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, durante su rueda de prensa. Preguntado por el llamado de Kiev a favor de un alto el fuego de 60 días para permitir la celebración de elecciones, Peskov respondió: "No queremos un alto el fuego, queremos una paz duradera".
Tras el alza de los precios del combustible en Estados Unidos desde el inicio de la guerra contra Irán a finales de febrero, el pacto sobre el diésel ruso es visto como una forma de aliviar a los consumidores estadounidenses antes de las elecciones legislativas de noviembre, cuando el partido Republicano de Trump corre el riesgo de perder el control del Congreso.
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