El presidente chino Xi Jinping rodeado de sus homólogos Vladímir Putin y Kim Jong-un, apenas unos días después de un histórico apretón de manos con Narendra Modi. El año pasado, las imágenes de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) mostraron el poder diplomático de China frente a unos Estados Unidos percibidos como en retroceso. Esa demostración anual de fuerza se celebra en 2026 en Biskek, la capital kirguisa, mientras uno de los Estados miembros, Irán, fue golpeado por Estados Unidos la noche anterior al inicio de la cumbre.
Aunque el líder norcoreano está ausente este 31 de agosto y 1 de septiembre, una decena de jefes de Estado y de gobierno se han desplazado para celebrar los 25 años de una organización creada inicialmente por China y Rusia junto con tres países de Asia Central: Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Desde entonces, la OCS se ha ampliado hasta convertirse en una gran plataforma internacional sin presencia de estadounidenses ni europeos.
"Para Pekín, Moscú y los demás países con peso dentro de la organización, esto permite demostrar su capacidad para organizar regularmente una reunión que se sitúa fuera de la esfera occidental", analiza Emmanuel Véron, investigador del Centro Asociado de Geopolítica de HEC.
¿Organización "anti-OTAN"?
Y esta nueva reunión confirma el poder de atracción de la organización: los dirigentes de los dos últimos Estados incorporados, Irán y Bielorrusia, participan en la cita, al igual que quince socios de diálogo, entre ellos Turquía, Arabia Saudita y Catar. Togo también fue invitado este año.
Otro logro de la Organización de Cooperación de Shanghái es su capacidad para hacer convivir en su seno a Pakistán e India. Shehbaz Sharif, primer ministro pakistaní, y su homólogo indio estarán presentes.
"India llamó muy pronto a la puerta de la Organización de Cooperación de Shanghái, antes de adherirse en 2017″, recuerda Christophe Jaffrelot, director de investigación del CERI-Sciences Po y del CNRS. "Forma parte de la estrategia de Narendra Modi de estar lo más presente posible en la escena internacional", aun cuando ello implique acercarse a su gran rival chino y compartir espacio con Islamabad.
Reunir a tantos países en torno al eje chino-ruso representa un éxito de imagen para Vladímir Putin y Xi Jinping, pero también pone de manifiesto los límites estructurales de una organización presentada a menudo como una anti-OTAN.
"La comparación con la OTAN no tiene fundamento porque, aunque la OTAN es una organización político-militar, cuenta con un sistema de alianzas vinculante gracias al artículo 5, una disposición totalmente ausente en la OCS", explica Emmanuel Lincot, profesor del Instituto Católico de París y director de investigación del IRIS.
"Es una organización con capacidad de formular propuestas, pero que en definitiva ha concretado muy pocas cosas".
En materia de terrorismo y seguridad, prioridades oficialmente proclamadas, la impotencia de la OCS quedó expuesta especialmente durante el conflicto indo-pakistaní de 2025. Un atentado terrorista en la Cachemira india degeneró en un enfrentamiento abierto entre dos Estados miembros de la organización.
Emmanuel Lincot, autor de China, India, la guerra de los mundos (Éditions du Cerf, 2026), recuerda también "la incapacidad de la organización para desplegar una fuerza expedicionaria que resolviera la crisis fronteriza entre Kirguistán y Tayikistán, que provocó decenas de miles de desplazados en 2022″.
¿Posición común sobre crisis en Oriente Medio?
Otra fragilidad inherente a la OCS es el peso predominante de China, que sigue fortaleciéndose, mientras que las demás grandes potencias del bloque parecen más debilitadas. La guerra en Ucrania, las dificultades internas de Vladímir Putin y el creciente aislamiento de India limitan sus márgenes de maniobra.
"En los últimos años ha habido una evolución del lenguaje empleado, que se ha ido sinizand"», analiza Emmanuel Véron. "La organización se ha convertido en un instrumento impulsado en gran medida por Pekín, especialmente en lo relativo a la agenda y a las nuevas adhesiones".
Y ello pese a la incorporación, promovida por Rusia, de Teherán en 2023, una expansión que llevó a la OCS hasta Oriente Medio.
"La propia presencia de Irán dentro de la organización está ligada a la voluntad de Moscú", señala Clément Therme, autor de Mañana Irán, el futuro de una nación (Éditions du Cerf, 2026).
Para Masud Pezeshkian, presidente iraní, el objetivo es ante todo reforzar las relaciones bilaterales con Rusia, algo esencial para la supervivencia del régimen, al tiempo que busca demostrar a Washington que el país no está tan aislado como desearía Estados Unidos.
Moscú, un socio militar clave, también ofrece una cooperación reforzada en ámbitos como la energía nuclear civil y la inteligencia. La presencia en el foro permite además dialogar con su principal socio comercial, China, y abrir oportunidades con sus vecinos de Asia Central, que se han vuelto fundamentales mientras el transporte marítimo iraní se ve limitado por el bloqueo estadounidense en el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, no todos los participantes de la cumbre de Biskek están necesariamente dispuestos a acercarse a Teherán.
"La República Islámica ha atacado a más de una decena de países vecinos: Azerbaiyán, Turquía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, entre otros", explica Clément Therme. "Eso ha generado hostilidad hacia Irán, incluso en estos foros sin presencia occidental, que antes le resultaban más favorables".
Esta reunión, celebrada en el contexto de la guerra en Oriente Medio, constituye una prueba para la OCS. Mientras Estados Unidos golpea a Irán, amenaza con sanciones económicas a China y varios actores clave de la crisis, incluido Pakistán en su papel de mediador, participan en la cumbre, la capacidad de proyectar un frente unido daría mayor credibilidad a una organización a menudo descrita como una "cáscara vacía".
Especialmente de cara a la cumbre de los BRICS prevista para mediados de septiembre en Nueva Delhi, otro escenario geopolítico sin presencia occidental, y antes de la visita que Xi Jinping tiene prevista a Washington el 24 de septiembre.
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