RFI. La cumbre en París permitirá afianzar la inversión en energía nuclear, algo que Europa parecía haber abandonado. ¿Qué tan posible es que los países vuelvan a interesarse en esta energía que muchos consideran peligrosa, pero otros defienden como la más limpia y segura?
Alfredo García: Creo que estamos viviendo un cambio de paradigma que se ha acelerado en los últimos cuatro o cinco años, especialmente a raíz de la guerra de Ucrania. Se ha evidenciado que el verdadero rival tecnológico y económico de la energía nuclear no son las renovables, sino el gas natural. Cuando se cierran centrales nucleares, como ocurrió en Alemania, lo que se hace es quemar más gas, aumentando las emisiones y el precio de la electricidad.
Muchos países se están dando cuenta de que no podemos depender del gas si queremos mitigar el calentamiento global. Además, en 2022 la Unión Europea incluyó la energía nuclear en la "taxonomía verde", reconociéndola como tan sostenible como las renovables. Esto ha abierto la puerta a créditos de instituciones como el Banco Mundial. De hecho, 2025 ha sido el año de mayor producción nuclear de la historia y actualmente hay unos 70 reactores en construcción en todo el mundo, de ellos 38 en China.
¿Qué tan factible es que los países se equipen con la infraestructura necesaria para generar electricidad nuclear?
Todo depende del socio tecnológico que elijan. En Europa tenemos a EDF (Francia), que construye en el Reino Unido y tiene proyectos para seis nuevos reactores en Francia. Corea del Sur es otro gran actor, con proyectos en Emiratos Árabes y preacuerdos en otros países. Estados Unidos también apuesta fuerte por la exportación, especialmente hacia Europa del Este. China es el país que más construye internamente, pero busca exportar su tecnología. Finalmente está Rusia que, pese al contexto geoestratégico, sigue construyendo reactores en países como Egipto (cuatro reactores) y Turquía (cuatro reactores.
En el caso de América Latina, ¿cuál es la situación actual?
Hay varios países con proyectos activos. México tiene dos reactores; Argentina cuenta con tres y planea construir más, especialmente reactores modulares pequeños; Brasil tiene dos y está retomando la construcción de un tercero (Angra 3).
También vemos un fuerte interés en países que no tenían esta tecnología: Colombia está impulsando una ley nuclear para construir un reactor de investigación y, más adelante, pequeños reactores modulares; Ecuador y Perú también han mostrado mucho interés. Hay un movimiento importante en la región por incorporar la energía nuclear a su matriz energética.
¿Estamos a tiempo de recuperar el tiempo perdido tras años de intentos por abandonar esta energía?
Por supuesto. El mundo no se acaba en 2050; estamos trabajando para mitigar el calentamiento global a largo plazo. Lo fundamental es concienciar a la población, como ocurre en los países nórdicos. En Finlandia, por ejemplo, todos los partidos políticos están a favor de la energía nuclear porque la población está bien informada.
Hay que explicar que la energía nuclear es complementaria a las energías renovables, no rivales; deben trabajar en equipo. Con el impulso político actual y el desbloqueo de financiamiento internacional, estamos en un momento clave para acelerar esta transición.
Para el gran público que aún asocia la energía nuclear con el accidente de Fukushima o con armas atómicas, ¿cómo explicar que esta tecnología no es tan peligrosa como se cree?
Sobre Fukushima (11 de marzo de 2011), es importante recordar que la central resistió perfectamente un terremoto de magnitud 9. Lo que falló fue la protección contra el tsunami posterior que inundó la central y provocó un accidente nuclear. Sin embargo, el dato científico más relevante es que, a pesar de la gravedad del accidente que acusó que se fundieran tres reactores nucleares, no se produjo ninguna muerte debida a la radiactividad. Tras este evento, se reforzó la seguridad en todas las centrales del mundo con inversiones millonarias.
En cuanto a la asociación con fines militares, es vital separar la tecnología civil de la militar. Son temas que se empezaron a separar en los años 50 del siglo XX. Confundirlas es como confundir un bombardero con un avión de pasajeros: ambos vuelan, pero sus fines son opuestos. La mayoría de los países con energía nuclear, como España, Japón o Corea del Sur, no tienen armamento nuclear. Además, existen salvaguardias internacionales controladas por el Organismo Internacional de Energía Atómica para asegurar que los países no desarrollen tecnología militar nuclear.
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