RFI: ¿Cuál es el objetivo de Ucrania con esta campaña de ataques con drones sobre Crimea?

Stéphane Audrand: En realidad, esta campaña no se dirige únicamente contra Crimea. Afecta a todo el eje logístico ruso que se extiende desde Rostov hasta la península, pasando por los territorios ocupados de Berdiansk, Mariúpol y Melitópol. Toda esta franja de territorio se encuentra hoy en día bajo el fuego de los ataques ucranianos en profundidad.

El objetivo es perturbar los flujos logísticos militares y civiles: combustible, mercancías, municiones o incluso suministros. Esta estrategia combina nuevos medios, nuevos modos operativos y una auténtica ambición estratégica. Supone un punto de inflexión en la conducción de las operaciones.

¿En qué sentido esta campaña supone una evolución de las capacidades ucranianas?

Hasta ahora, los drones ucranianos permitían atacar objetivos móviles a corta distancia o infraestructuras fijas muy lejanas con drones de gran alcance, pero que no podían atacar un objetivo móvil porque carecían de guía final. Por eso atacaban infraestructuras fijas, puentes, fábricas, refinerías… pero faltaba esa gama de drones que, en un radio de 100 o 150 kilómetros, pudieran atacar objetivos móviles como camiones. Eso es lo nuevo: esta capacidad de alcanzar objetivos móviles a más de 100 kilómetros. Así pues, los ucranianos han creado una auténtica fuerza de drones capaz de operar en profundidad. Y han dedicado gran parte del año pasado a desgastar sistemáticamente las defensas antiaéreas rusas en Crimea: radares, lanzamisiles y sistemas de defensa han sido blanco de ataques repetidos.

El ejército ucraniano parece disponer ahora tanto de los medios de detección y de inteligencia como de las capacidades de ataque necesarias para interrumpir los flujos logísticos rusos. El objetivo estratégico sigue siendo el clásico: cortar una línea de abastecimiento esencial. En cambio, los medios empleados son radicalmente nuevos.

¿Por qué es Crimea esencial para el esfuerzo bélico ruso y para el dispositivo militar de Rusia en Ucrania?

Crimea es mucho más que una simple base de retaguardia. Constituye un auténtico centro de gravedad del esfuerzo militar ruso en el sur y el centro de Ucrania. La península concentra numerosas infraestructuras militares heredadas de la época soviética: depósitos, talleres, galerías subterráneas, búnkeres, redes logísticas, pistas de aterrizaje y, por supuesto, el puerto militar de Sebastopol. Sirve tanto de plataforma de apoyo como de proyección de las fuerzas rusas.

Gracias a esta posición, Rusia puede llevar a cabo operaciones muy lejos en el interior del territorio ucraniano, especialmente hacia el oeste del país. A esto se suma una importante dimensión simbólica y política. Crimea se encuentra en el centro del conflicto entre Moscú y Kiev desde su anexión en 2014. Vladimir Putin se ha implicado personalmente en su incorporación a Rusia, en unas condiciones que distan mucho de ser democráticas. Por lo tanto, los intereses militares, estratégicos y políticos se superponen allí de manera excepcional.

Los habitantes de Crimea se enfrentan a restricciones de gasolina y electricidad. ¿Existe el riesgo de una grave escasez si las líneas de abastecimiento se ven interrumpidas de forma prolongada?

Aun así, quedan varias vías de abastecimiento. El puente de Kerch sigue operativo, aunque es blanco de ataques habituales. Rusia también conserva cierta capacidad de abastecimiento marítimo, sobre todo mediante cabotaje en el mar de Azov. Por lo tanto, no creo que se llegue a una situación en la que la población carezca de bienes esenciales. Sin embargo, las condiciones de vida pueden deteriorarse significativamente. De hecho, Crimea depende en gran medida de los suministros externos y actualmente produce menos que antes, sobre todo debido a las dificultades de riego relacionadas con la destrucción de la presa de Nova Kajovka.

Dicho esto, el efecto que busca Ucrania no es atacar a la población civil. El objetivo principal es militar: cortar las líneas logísticas que abastecen a las fuerzas rusas desplegadas entre Mariúpol y Jersón. La población civil sufre las consecuencias de esta estrategia, pero no constituye su objetivo principal. En cambio, si la situación se deteriora gravemente, el Gobierno se verá obligado a reaccionar y a desplegar grandes recursos para abastecer la península, dada la carga simbólica y política que ha adquirido Crimea.

¿Cuál puede ser la respuesta de Rusia ante estos ataques con drones?

Moscú está buscando sin duda soluciones. Es posible proteger determinadas rutas con redes antidrones, dispersar los convoyes o dar prioridad a los desplazamientos nocturnos. Pero hay que señalar que lo que se observa en Crimea va mucho más allá de la mera guerra en Ucrania. Estamos asistiendo al surgimiento de conflictos basados en intercambios constantes de salvas de drones. Estos sistemas son relativamente económicos, pueden fabricarse en grandes cantidades y permiten obtener efectos significativos en el campo de batalla, contra las infraestructuras o contra la logística del enemigo.

Por el momento, resulta mucho más fácil lanzar estas salvas que interceptarlas por completo. Tanto los rusos como los ucranianos utilizan ahora de forma masiva este método de "salvas con drones". Tiende a convertirse en uno de los modos de enfrentamiento característicos de las guerras contemporáneas.

¿Se ha convertido Crimea, en cierto modo, en el talón de Aquiles del ejército ruso en Ucrania?

En cierto modo, sí. Crimea reúne las ventajas y los inconvenientes de su posición geográfica. Su ubicación permite a Rusia proyectar su poder hacia gran parte del territorio ucraniano. Pero esa misma posición la hace vulnerable en cuanto Ucrania adquiere la capacidad de atacar en profundidad. La península es difícil de conquistar, pero también resulta complicado abastecerla y defenderla. Hoy en día, los ucranianos parecen haber encontrado una forma de aprovechar esta debilidad.

Es posible que esta ventaja sea temporal. Pero, por el momento, parece firmemente consolidada. Sin anunciar necesariamente una reconquista ucraniana de Crimea, esta campaña ya está alterando el equilibrio de fuerzas. Se inscribe en una estrategia más amplia que también incluye los ataques contra las refinerías rusas.

Ucrania pretende multiplicar las amenazas simultáneas con el fin de obligar a la defensa antiaérea rusa a dispersarse y plantearle dilemas insuperables. Al atacar objetivos tan distantes como San Petersburgo, Moscú, Crimea o incluso instalaciones industriales estratégicas, obliga a Rusia a tomar decisiones constantemente y contribuye a debilitar su sistema defensivo. Se trata de un enfoque bastante astuto desde el punto de vista estratégico.

RFI

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