Aunque menos conocida que las dedicadas al clima y la biodiversidad, esta COP 17 sobre la desertificación es, sin embargo, esencial. A nivel mundial, la desertificación y la degradación de las tierras afectan al 40 % de la superficie terrestre, y cada año 100 millones de hectáreas de tierras sanas se vuelven improductivas. Estos fenómenos amenazan directamente la vida de 3,2 mil millones de personas y generan costos económicos estimados en 880 mil millones de dólares al año. Por lo tanto, es urgente actuar.
Las causas de la degradación de las tierras
El calentamiento global, la deforestación, las malas prácticas agrícolas y los monocultivos: la tierra que ha alimentado a la humanidad durante tanto tiempo se encuentra ahora bajo presión. Algunos suelos están agotados y los rendimientos están cayendo.
Así, en los países de ingresos altos, la degradación de la tierra suele quedar oculta por un uso intensivo de insumos, lo que a la larga degrada aún más los suelos. Y en los países de bajos ingresos, especialmente en África subsahariana, los déficits de rendimiento y el acceso limitado a los insumos hacen que las poblaciones sean extremadamente vulnerables.
Existen soluciones
Las soluciones son conocidas. Lo primero es dejar de degradar los suelos. Y eso significa hacer frente a la agroindustria y a todas sus prácticas agrícolas nocivas para los suelos y la biodiversidad, y desarrollar, por el contrario, la agroecología y la agrosilvicultura. Además, hay que restaurar los suelos degradados, pero esto tiene un costo estimado en mil millones de dólares al día según la Convención de Lucha contra la Desertificación.
Así lo explica Sandra Rulliére, subdirectora de la división de agricultura, desarrollo rural y biodiversidad de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD). "Las necesidades financieras son enormes, pero estas inversiones son rentables desde el punto de vista económico. Y, una vez más, son las cifras de la Convención de Lucha contra la Desertificación las que indican que cada dólar que se invierte en la restauración de tierras degradadas genera entre 7 y 30 dólares".
Invertir en la salud de los suelos es invertir en la seguridad alimentaria y en el clima, ya que el suelo almacena carbono; es invertir en la biodiversidad y en la adaptación, pues un suelo sano puede almacenar agua y liberarla en caso de sequía.
Uno de los objetivos de esta COP 17 será, por lo tanto, convencer a los Estados, a los bancos agrícolas y al sector privado de que inviertan en la restauración de las tierras y dejen de subvencionar prácticas agrícolas que destruyen los suelos.
El pastoreo, por fin en el centro de atención
En esta COP 17 en Mongolia, uno de los países más afectados del mundo por la desertificación —con cerca del 77 % de sus tierras degradadas—, el pastoreo debería ocupar un lugar central. Y es que, por iniciativa de Mongolia, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado el 2026 como el "Año Internacional de los Pastizales y los Ganaderos Pastorales". Un reconocimiento tardío de los beneficios del pastoreo para la conservación de los suelos, los ecosistemas frágiles, el desarrollo económico y la cohesión social en las zonas áridas y semiáridas.
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