En un contexto de crisis energética global y bloqueos recurrentes en las cumbres climáticas de la ONU, Colombia organizar hasta este miércoles, en Santa Marta, la primera conferencia internacional dedicada exclusivamente a la salida de los combustibles fósiles.
Impulsado por los Países Bajos y liderado políticamente por la ministra colombiana de Medio Ambiente, Irene Vélez Torres, el encuentro busca pasar de las declaraciones a las soluciones concretas.
Copresidida por los Países Bajos, esta primera conferencia sobre la salida de las energías fósiles se celebra del 24 al 29 de abril en la ciudad más antigua de Colombia, Santa Marta, en la costa caribeña. Muy activa en el marco de las COP, Colombia es uno de los países con mayor ambición climática y ambiental, aunque su balance interno es desigual. También es el país más peligroso del mundo para los defensores de los derechos ambientales.
Participan ocho países africanos (Angola, Camerún, Ghana, Maldivas, Isla Mauricio, Nigeria, Senegal y Tanzania), además de Bangladés, Vietnam, Chile o Panamá. La Unión Europea de los Veintisiete, así como Francia, Alemania, España o Austria, enviarán representantes. No obstante, el nivel de representación será relativamente bajo: principalmente negociadores técnicos, enviados especiales —Francia envía a su embajador para el clima— y, como máximo, algunos ministros durante el segmento de alto nivel de los dos últimos días.
Varias islas del Pacífico —como Vanuatu, impulsor de la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia— y países vecinos del Caribe —entre ellos Jamaica, recientemente devastada por un huracán— también participarán en la conferencia.
Se harán presentes asimismo varios pesos pesados del sector petrolero cuyos compromisos energéticos siguen siendo, como mínimo, ambiguos: Australia, Canadá y Noruega, así como Brasil, México y Nigeria entre las economías emergentes.
En cambio, los grandes gigantes mundiales de los hidrocarburos —Estados Unidos, Arabia Saudí y Rusia— estarán ausentes. Lo mismo ocurre con China y la India, que combinan altos niveles de emisiones de gases de efecto invernadero con un despliegue masivo de energías descarbonizadas.
Estas ausencias no son accidentales. Al contrario, han sido buscadas deliberadamente, reconoce en una entrevista con RFI la ministra colombiana de Medio Ambiente, Irene Vélez Torres, principal impulsora del evento:
"No esperábamos que participaran quienes son escépticos frente a un programa de transición justa. Tampoco queríamos aquí a quienes se oponen a este debate en el marco multilateral. Invitamos a los países que han tomado conciencia de la importancia y la urgencia de eliminar los combustibles fósiles de manera ordenada, justa y rápida. De este modo, hemos dejado fuera a los climatoescépticos, a quienes boicotean estos procesos y a los lobbies petroleros, para poder mantener una conversación más honesta sobre los desafíos, las oportunidades, las expectativas y los límites de cada país".
Colombia aprovechará el evento para predicar con el ejemplo y presentar su propia hoja de ruta nacional para abandonar los combustibles fósiles. La ministra Irene Vélez Torres subraya el compromiso de su país:
"Hace tres años, Colombia decidió no otorgar nuevos contratos de hidrocarburos. Eso implica ahora reemplazar rápidamente una economía extractiva por una economía productiva basada en otras cadenas de valor", subraya Vélez.
Esta decisión tuvo un coste inmediato para el Estado, cuya calificación crediticia fue rebajada por las agencias financieras internacionales. La ministra colombiana no oculta la magnitud de los retos pendientes: "Nuestra economía fiscal sigue dependiendo de las exportaciones de carbón —somos el cuarto exportador mundial— y de petróleo. Tomamos la decisión crucial de eliminar el subsidio a la gasolina. Son medidas difíciles, pero necesarias desde el punto de vista ambiental y climático".
La exministra de Minas y Energía se muestra también "muy preocupada" por el cierre de los yacimientos: "Las empresas, como hemos visto claramente en el caso del carbón, dejan una huella ecológica, social y sanitaria. ¿Quién va a reparar esos daños? La atención a las poblaciones enfermas, la restauración ambiental y la recuperación de los ecosistemas representan una carga económica que recae casi por completo sobre países que no disponen de los recursos necesarios para afrontar esos cierres".
Las organizaciones de la sociedad civil —varios centenares participarán en los debates— insisten precisamente en la cuestión de la financiación de la transición, un problema recurrente en las COP que alimenta la frustración y la desconfianza de los países del Sur.
¿Qué se puede esperar de la conferencia?
No se esperan anuncios multilaterales espectaculares, y los propios organizadores lo reconocen abiertamente. El principal resultado previsto es un “informe de las copresidencias”, cuya calidad servirá como termómetro de la utilidad real de la conferencia de Santa Marta de cara a la próxima COP de la ONU. Según Ed King, experto en estrategias climáticas internacionales, ese documento no debería publicarse inmediatamente al cierre del encuentro.
Este resumen de "escenarios de soluciones", explica Irene Vélez Torres, "será el resultado de un trabajo colectivo que no involucra solo a los gobiernos participantes, sino también a los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes, el campesinado, las mujeres, la juventud, las ONG, el sector privado y los sindicatos. Esa diversidad es la que queremos reflejar en el informe final".
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