De Márcio Resende, corresponsal de RFI en Buenos Aires
¡Argentina! ¡Argentina! ¡Argentina! ¡Vamos, Argentina! ¡Vamos a ganar! Las palabras podrían sonar como órdenes de batalla, pero son versos entonados por una afición que continúa depositando su fe en la selección. Lo mismo sucede con el incondicional apoyo y las frases de aliento a los jugadores.
Algunos de los cantos más tradicionales de las gradas resuenan esta semana en un lugar inusual: el Festival de Bandas Militares, realizado como parte de las celebraciones del Día de la Independencia, el 9 de julio. Entre himnos y marchas, las bandas ejecutan canciones populares de la hinchada argentina, llevando al público a cantar y levantarse de las gradas en el Campo Argentino de Polo, en Buenos Aires.
Esta semana patriótica reúne los ingredientes perfectos para reforzar el orgullo nacional: los 210 años de la Independencia, la esperanza por el tetracampeonato mundial y la histórica remontada sobre Egipto, el pasado martes 7 de julio cuando Argentina revirtió una desventaja y mostró al mundo su capacidad de reacción.
El mayor Alan Núñez, director de la banda militar Tambor de Tacuarí, del Regimiento de Infantería 1, el más antiguo del Ejército argentino, afirma que hay paralelismos entre las batallas históricas del país y la forma en que la selección se comporta en el campo.
"Como argentino, siento una gran emoción cuando la selección demuestra ese espíritu de lucha que acompaña a nuestro pueblo desde la independencia. Vemos esta característica también en el fútbol, esa capacidad de no rendirnos hasta el último momento”, dice.
Conocido popularmente como Regimiento de los Patricios, el grupo militar fue creado en 1806 en respuesta a las invasiones inglesas y tuvo una participación importante en las guerras de independencia iniciadas tras la Revolución de Mayo de 1810. También actuó, en 1827, en la Guerra de la Cisplatina, en la Guerra del Paraguay, en 1865, y en la Guerra de las Malvinas.
En tiempos de paz, sin embargo, la principal arena de las emociones nacionales parece ser el fútbol.
"Cuando la selección conquista victorias como estas, une a todos los argentinos, independientemente de posiciones políticas o diferencias sociales. Y, cuando eso sucede durante las celebraciones de la patria, la emoción es aún mayor”.Alan Núñez
Euforia popular
En las gradas del festival, el profesor de educación física Lucas Bonilla, de 24 años, dice vivir una semana especial.
“Es emocionante. Casi dan ganas de llorar. Tenemos la Independencia, tenemos la Copa del Mundo. Es una combinación increíble. Como argentino, me emociono viendo a la selección y también celebrando a la patria”, afirma, vistiendo la camiseta del equipo nacional.
El último enfrentamiento entre Argentina y Suiza en una Copa del Mundo ocurrió en Brasil, en 2014, cuando los argentinos ganaron 1-0.
"Va a ser un partido muy duro. Suiza es un adversario complicado, pero creo que vamos a ganar. Mi fe está más viva que nunca. Y ojalá que eso nos lleve a la semifinal contra Inglaterra. Es lo que nosotros los argentinos más queremos”, dice Lucas.
A su lado, Martín Juárez, de 25 años, lleva una bandera argentina en homenaje tanto a la fecha nacional como a la selección.
"Esto es Argentina. Apoyamos al equipo incondicionalmente, y los jugadores responden con mucha garra y vamos todos con fe. Tengo mucha fe en una victoria de Argentina contra Suiza”, afirma.

Estado de gracia
Lucio Molina, de 58 años, también cree en la victoria contra Suiza este sábado, pero reconoce que el equipo tiene puntos débiles en la defensa. "Como argentino y teniendo fe porque soy un hombre de fe, creo que vamos a ganar. Veo un partido muy difícil. Debemos tener cuidado en los errores que cometimos en defensa. Estamos débiles en ese punto. Tenemos que corregir eso y ser inteligentes”, analiza.
Para él, la remontada épica contra Egipto, cuando en poco más de diez minutos dio la vuelta al marcador 3-2, dejó al país en estado de gracia.
"Es una mezcla de todo lo que nos da orgullo nacional y que nos hace más felices. Cuando tenemos victorias en el fútbol, todos se alegran, nos alegramos como nación. Cuando Argentina jugaba [contra Egipto] estábamos tristes porque estábamos perdiendo. Pero, de repente, apareció esta fuerza argentina y nos salvó. Ganamos, gracias a Dios. Y nos alegró como nación”, celebró.
A su lado, María Salguero, de 54 años, también confía en una victoria basada en la garra. "Esperamos una victoria de Argentina este sábado, pero necesitamos tener cuidado. Todas las selecciones que llegaron a esta fase son fuertes. Aun así, tenemos mucha fe porque nosotros los latinos tenemos mucha fuerza y esta selección argentina tiene garra”, afirma.
Profesora de informática y biología, María dice usar la trayectoria del equipo como ejemplo en el aula.
“Creo que el mensaje que la selección argentina nos enseña es a tener fe hasta el último minuto y a trabajar en equipo. Argentina gana colectivamente, no por la individualidad. Ese es el ejemplo que también damos a los alumnos: que debemos trabajar en equipo. Y, cuando piensas que ya estás derrotado, aún quedan diez minutos para revertirlo todo”.

Comunión nacional
Ese mensaje, la pequeña Antonella de 11 años ya lo entendió. Después de la remontada sobre Egipto, ella cree que Argentina puede conquistar otro título mundial.
"Supongo que Argentina va a ganar porque tiene buenos jugadores. Argentina hizo tres goles y nos salvó contra Egipto porque, en un momento en que no confiábamos en que íbamos a ganar, Argentina hizo tres goles. Sí, creo que podemos ser campeones", dice.
Para los argentinos se ha hecho costumbre las subidas y bajadas de la felicidad y el sufrimiento. "Me quedé muy feliz con la victoria de Argentina. Casi me muero. Es una forma de sufrir. Es un sufrimiento”, desahoga Antonella.
El mayor Alan Núñez ve en esta movilización una expresión del patriotismo argentino. "Desde niño soñé con estar aquí en una banda militar. Y hoy, al salir y escuchar las marchas militares, me da escalofríos y crece en el público el fervor patriótico”, dice.
La selección y la afición parecen compartir la misma característica: la insistencia en seguir adelante incluso frente a las dificultades. Hace más de dos siglos, la figura inspiradora era el general José de San Martín. Hoy, para muchos argentinos, ese papel le corresponde a Lionel Messi, símbolo de un país que vuelve a soñar con otra conquista mundial.
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