El director del grupo Volkswagen, Oliver Blume, detalló la víspera ante los trabajadores reunidos en la sede de Wolfsburgo las primeras modalidades de este segundo plan de ajuste, después del acordado en 2024.
En Alemania, ese primer plan de reestructuración de Volkswagen contemplaba la eliminación de 50.000 puestos de trabajo en el grupo de diez marcas. En 2026, otros 50.000 empleos podrían verse afectados.
"Hasta ahora, aproximadamente la mitad de las necesidades de ajuste corresponden a Alemania y la otra mitad al ámbito internacional, en un total de unas 170 sociedades", declaró Oliver Blume durante una asamblea de trabajadores celebrada en la sede de Volkswagen, en Wolfsburgo.
Volkswagen pretende "apostar tanto como sea posible» por las salidas voluntarias, especialmente las jubilaciones, los acuerdos amistosos y una «política de contratación restrictiva. Definiremos las medidas concretas en concertación con los representantes de los trabajadores", aseguró Blume.
Varias fábricas, en la incertidumbre
El director de Volkswagen inició el martes 25 de agosto una gira por las distintas plantas del grupo en Alemania. Oliver Blume reconoció que las instalaciones de Emden, Hannover, Zwickau y Neckarsulm aún no cuentan con perspectivas de producción viables para la década de 2030. Sin embargo, aseguró que su cierre seguiría siendo «siempre la solución de último recurso y la más costosa».
Todavía no se ha tomado ninguna decisión sobre posibles cierres. A largo plazo, podrían quedar únicamente la planta matriz de Wolfsburgo, en Baja Sajonia, sede de Volkswagen, y la de Ingolstadt, en Baviera, para Audi. Una perspectiva con importantes consecuencias para las ciudades y los trabajadores afectados.
El grupo ya había puesto en marcha en 2024 un primer plan de reestructuración tras negociaciones con el poderoso sindicato IG Metall. Este contemplaba la supresión de 50.000 puestos sin despidos forzosos. A cambio, el sindicato obtuvo una garantía de empleo vigente hasta comienzos de la próxima década. Por ello, el anuncio, hace algunas semanas, de otros 50.000 recortes de puestos provocó una fuerte conmoción entre los trabajadores.
Una confianza en la dirección deteriorada
Las explicaciones ofrecidas el martes no convencieron a los representantes de los trabajadores. "¡No se puede trabajar con un jefe que no dice a sus empleados cuál es la situación real!", declaró Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa. A su juicio, la confianza en la dirección, y en particular en Oliver Blume, está ahora "deteriorada". El comité de empresa también calificó de "desastrosa" la comunicación de Volkswagen.
El responsable regional de IG Metall, Thorsten Gröger, recuerda que los trabajadores ya han hecho sacrificios importantes y contribuyen con 1.500 millones de euros a los esfuerzos de recuperación del grupo. "Reducir costes no constituye por sí solo una estrategia de futuro", afirmó.
Los sindicatos exigen garantías sobre las inversiones prometidas, los futuros modelos y la carga de trabajo de las fábricas alemanas. También acusan a la dirección de poner en cuestión algunos compromisos adquiridos en los acuerdos de 2024. "Si el directorio insiste en centrarse únicamente en la eliminación de empleos y los recortes presupuestarios, nos opondremos con todas nuestras fuerzas", advirtió Thorsten Gröger. La posibilidad de movilizaciones sociales, incluidas huelgas, ya no está descartada.
China y Estados Unidos, mercados difíciles
Las dificultades de Volkswagen se explican en particular por su retroceso en dos mercados clave. En China, donde el grupo obtuvo durante años importantes beneficios, la competencia de los fabricantes locales está reduciendo sus ventas. Al mismo tiempo, los vehículos chinos ganan terreno en Europa.
La nueva prima del gobierno alemán para la compra de vehículos eléctricos también puede utilizarse para automóviles chinos, aunque Volkswagen sigue siendo líder de este sector en Europa. En Estados Unidos, el mercado se ha vuelto más difícil debido a los aranceles impuestos por la administración Trump. A ello se suman las distintas crisis actuales.
Sin embargo, Volkswagen no está al borde del abismo: su beneficio en el segundo trimestre cayó un tercio respecto al mismo periodo del año anterior, pero el grupo sigue obteniendo ganancias. Aun así, Oliver Blume calificó la situación de «más que crítica» en una entrevista concedida el pasado fin de semana.
El directivo también debe lidiar con la presión de las familias Porsche y Piëch, principales accionistas de Volkswagen, que impulsan nuevas reestructuraciones y reclaman una mayor rentabilidad para la empresa.
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