Se los conoce como "agentes desechables". Son aficionados reclutados por servicios secretos extranjeros y que son detenidos con frecuencia en Alemania por operaciones de espionaje o sabotaje, explica el corresponsal de RFI en Berlín, Pascal Thibaut. A menudo se sospecha que Rusia está detrás de estas operaciones.
En este caso, en marzo de 2025 se enviaron dos paquetes con repuestos de automóviles desde Colonia, Alemania, hacia Ucrania a través de la empresa de logística de ese país, Nova Post. También contenían rastreadores GPS que debían permitir recopilar información sobre el recorrido. Esto tenía como objetivo, en una segunda etapa, permitir el envío de paquetes bomba: su explosión debía causar daños importantes.
Lo irónico es que son tres ucranianos quienes están acusados de estos actos. La fiscalía había solicitado contra ellos penas que iban desde dos años y nueve meses hasta más de cuatro de prisión.
A principios de año, Alemania reforzó su arsenal penal contra estos "agentes desechables". A estos hombres se les suele reclutar en las redes sociales y, a cambio de una suma modesta, se dedican a actos de espionaje o sabotaje. De todos modos, si son detenidos, será difícil para la justicia demostrar quién es el autor intelectual, aunque en este juicio, como en otros, se acuse a Moscú. Además, estos hombres saben muy poco sobre los servicios secretos rusos.
Sus abogados solicitaban la absolución de sus clientes.
Pena cumplida en su totalidad
El condenado, Yevhen Bezchasnyi, además, ya se encuentra en libertad, ya que cumplió su pena en su totalidad durante la prisión preventiva y su extradición desde Suiza, señala el comunicado.
En cuanto a los otros dos, el tribunal regional de Stuttgart consideró que no se había podido demostrar "que los acusados se hubieran puesto de acuerdo para cometer un incendio grave intencional". Ni el análisis de los mensajes que se enviaron entre ellos y con terceros, ni los registros en sus domicilios, ni la audiencia de testigos y familiares permitieron confirmar las acusaciones.
El condenado, de 30 años, en cambio, tenía "un conocimiento más amplio de los hechos" y se había involucrado más en el caso. Por orden de un amigo de Mariúpol, ciudad ucraniana ocupada desde los primeros meses de la invasión rusa, había preparado el envío de los rastreadores GPS a Ucrania. También fue él quien involucró a los otros dos acusados en la trama.
Para justificar la breve duración de su pena, la sala destaca su falta de antecedentes penales, su confesión parcial y el hecho de que la operación se encontraba aún "en una etapa muy temprana con respecto a posibles actividades de sabotaje".
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