Tras 15 semanas de combates que han dejado cerca de 3.800 muertos y más de 11.500 heridos, en su mayoría civiles, el alto el fuego parece mantenerse en el Líbano a pesar de algunos enfrentamientos entre el ejército israelí y Hezbolá en algunos puntos del frente en el sur del país.
A pesar del anuncio del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de que su ejército no se retirará de las zonas que ha ocupado, se ha registrado un tímido movimiento de retorno de los desplazados, sobre todo en las localidades situadas al norte del río Litani.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, mantuvo el lunes una conversación telefónica con el presidente Joseph Aoun y el presidente del Parlamento, Nabih Berry, para informarles de la entrada en vigor “de forma inmediata y por un periodo de 60 días” del alto el fuego en el Líbano.
Los libaneses se debaten entre el alivio, la cautela y el escepticismo, informa Paul Khalifé, nuestro corresponsal en Beirut. Se sienten aliviados por el claro descenso de la intensidad de los combates tras tres meses y medio de una oleada de violencia marcada por miles de muertos y heridos, así como por una destrucción sin precedentes en todas las guerras que han vivido. Se muestran cautelosos porque el futuro del proceso sigue siendo incierto.
El acuerdo entre Irán y Estados Unidos prevé, sin duda, el cese de los combates, pero no la retirada del ejército israelí, que ocupa cerca del 10 % del territorio. Hezbolá afirmó en un comunicado que seguía “comprometido con el derecho legítimo y reconocido del Líbano a defender su territorio, su pueblo y su soberanía, hasta la retirada total y la liberación por parte de Israel de los detenidos libaneses”.
Por otra parte, comienzan a surgir complicaciones políticas. Hezbolá exige el cese de las negociaciones directas con Israel y da prioridad a las conversaciones indirectas. El primer ministro Nawaf Salam parece partidario de las conversaciones directas. El presidente Joseph Aoun se ha mantenido ambiguo sobre sus intenciones.
Escepticismo, por último, ya que se desconocen las verdaderas intenciones de Israel. El líder druso Walid Jumblatt declaró así que no creería en el acuerdo entre Teherán y Washington hasta “el día en que Israel deje de bombardear el Líbano y de demoler casas en el sur”. También reafirmó su oposición a las negociaciones directas con el Estado hebreo.
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