SpaceX nació en 2002 en torno a una idea sencilla: reducir drásticamente el costo del acceso al espacio. Elon Musk financió la empresa con parte de la fortuna obtenida por la venta del sistema de pagos online PayPal y estableció sus primeros equipos en Hawthorne, California.

El programa Falcon 1 debía demostrar que una pequeña empresa privada podía desarrollar un lanzador orbital a bajo costo. Los comienzos fueron difíciles. El primer vuelo -el 24 de marzo de 2006 desde el atolón de Kwajalein- fracasó tras un incendio en el motor. El segundo vuelo, en marzo de 2007, corrió la misma suerte. El tercero, en agosto de 2008, no alcanzó la órbita debido a un problema de separación de etapas.

En ese momento, SpaceX estaba al borde de la quiebra. Elon Musk diría más tarde que la empresa solo disponía de recursos limitados para intentar un último vuelo. Este "último intento" se convirtió en el punto de inflexión de su historia. El 28 de septiembre de 2008, el cuarto lanzamiento del Falcon 1 puso en órbita un simulador de carga útil. Se trató de la primera puesta en órbita exitosa de un lanzador privado desarrollado con capital mayoritariamente privado.

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El apoyo de la NASA

Unos meses antes de este éxito, la NASA ya había seleccionado a SpaceX en el marco del programa Commercial Orbital Transportation Services (COTS), destinado a desarrollar capacidades comerciales privadas de reabastecimiento de la Estación Espacial Internacional (ISS). El contrato inicial representaba unos 278 millones de dólares para SpaceX, con pagos condicionados a avances técnicos. El éxito del Falcon 1 le dio entonces credibilidad a la empresa y aseguró la continuación del programa. Con el paso de los años, los acuerdos COTS y posteriormente CRS (Commercial Resupply Services -envío de carga a la Estación Espacial Internacional)- convertirían a la NASA en el cliente de lanzamiento más importante de SpaceX y aportarían una financiación acumulada de varios miles de millones de dólares.

La era del Falcon 9

El éxito del Falcon 1 no condujo a una producción en masa. SpaceX pasó rápidamente a un lanzador mucho más ambicioso: el Falcon 9. El primer vuelo tuvo lugar en junio de 2010. La verdadera revolución se produjoa continuación: SpaceX convirtió la recuperación de etapas de cohetes en una práctica operativa. Los primeros retornos controlados, seguidos de los aterrizajes en tierra y en barcazas en el mar, allanaron el camino para la reutilización regular de los propulsores.

Dragon, Falcon Heavy… los proyectos se multiplican

Este enfoque cambia la economía de los lanzamientos. Al multiplicar las reutilizaciones, SpaceX aumentó considerablemente su ritmo de vuelos y ejerció presión sobre los precios del mercado. A finales de la década de 2010, la empresa se convirtió en el principal operador mundial de lanzamientos orbitales comerciales.

Paralelamente, SpaceX desarrolló la cápsula Dragon. Dragon se convirtió primero en una nave de reabastecimiento para la ISS, y luego evolucionó a Crew Dragon, una versión tripulada utilizada para transportar astronautas de la NASA y de socios internacionales. En 2018, SpaceX puso en vuelo el Falcon Heavy, un lanzador pesado capaz de transportar cargas muy superiores a las del Falcon 9. Aunque el Falcon Heavy sigue siendo un mercado de nicho, demuestra la capacidad de SpaceX para aumentar su potencia sin dejar de utilizar elementos reutilizables.

Starlink y Starship

La década de 2020 vio surgir un segundo pilar estratégico de SpaceX: Starlink. En lugar de depender únicamente de contratos de lanzamiento, SpaceX desplegó su propia constelación de satélites de comunicación. Starlink se convirtió rápidamente en un negocio de telecomunicaciones global, con servicios para el público en general, empresas y gobiernos. Por primera vez, SpaceX contaba con un flujo de ingresos recurrente directamente vinculado a la explotación de una infraestructura espacial, y no solo a la venta de lanzamientos.

El proyecto más ambicioso sigue siendo Starship y su propulsor Super Heavy. El objetivo declarado por Elon Musk es construir un sistema totalmente reutilizable capaz de transportar decenas de toneladas a la órbita, la Luna y, a largo plazo, Marte. Las pruebas de Starship han sufrido varias explosiones espectaculares, pero el programa avanza a través de iteraciones rápidas. A pesar de los retrasos y los riesgos técnicos, la NASA ha elegido una versión lunar del vehículo, Starship HLS (Human Landing System), como módulo de aterrizaje del programa Artemis. La selección inicial data de 2021 y la NASA continúa desarrollando la arquitectura HLS con SpaceX como proveedor principal.

2026: SpaceX cambia de naturaleza

El cambio más importante desde el Falcon 9 se produce a principios de 2026. SpaceX adquiere xAI, la empresa de inteligencia artificial de Elon Musk, en una operación que valora a SpaceX en alrededor de 1 billón de dólares y a xAI en unos 250 mil millones. La operación no consiste solo en añadir un agente conversacional a un grupo espacial. xAI aporta centros de datos, equipos de IA, Grok y, de manera indirecta, los activos relacionados con la red social X. El resultado es un conglomerado sin precedentes: lanzadores, vuelos tripulados, satélites, telecomunicaciones, redes sociales, IA e infraestructura de computación coexisten ahora bajo el mismo techo.

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