Los votantes suizos han rechazado una propuesta para imponer nuevos y estrictos límites a la política de neutralidad de siglos de antigüedad del país, decidiendo en referéndum mantener su enfoque actual respecto a las sanciones y la cooperación en materia de seguridad con otros países europeos.

La iniciativa, impulsada por Christoph Blocher —multimillonario conservador y exministro del gobierno—, habría consagrado en la Constitución una neutralidad "perpetua y armada", restringiendo la libertad del gobierno para decidir qué implica la neutralidad en la práctica.

Blocher y Pro Schweiz, un grupo soberanista en contra de estrechar vínculos con la Unión Europea (UE), reunió las firmas necesarias para convocar un referéndum nacional. Pero el conservador Partido Popular Suizo (SVP) que se había opuesto a sumarse a las sanciones de la UE contra Rusia, fue el único gran partido político que apoyó la propuesta.

La iniciativa fue rechazada de forma contundente: el 68.4 por ciento de los votantes votó en contra (según datos de la tarde del domingo), frente a un 31.6 por ciento a favor. No logró obtener la mayoría en ninguno de los 26 cantones suizos. La participación fue del 46.5 por ciento.

De haberse aprobado, la iniciativa habría prohibido que Suiza cooperara con alianzas militares salvo en caso de un ataque o ante la preparación de uno, y habría impedido que el país pudiera imponer sanciones a menos que contaran con la aprobación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El resultado le da margen a Suiza para adaptar su política de neutralidad ante el entorno de seguridad más incierto al que se enfrenta Europa.

No obstante, la campaña reavivó un debate mucho más antiguo sobre el verdadero significado de la neutralidad suiza y la considerable flexibilidad con la que el país la ha aplicado históricamente.

La neutralidad se desarrolló a lo largo de los siglos como un medio pragmático para proteger a una pequeña confederación — dividida por cuestiones lingüísticas y religiosas — de las guerras de sus vecinos más grandes. También sirvió para aislar dichas divisiones internas de los conflictos que tenían lugar más allá de las fronteras suizas.

Esta política de neutralidad garantizó que Suiza se mantuviera neutral durante las guerras mundiales. Sin embargo, el desempeño del país — especialmente durante la Segunda Guerra Mundial — socavó la idea de que la neutralidad suiza hubiera sido alguna vez absoluta. En cambio, los sucesivos gobiernos han interpretado la política según las circunstancias. Suiza permanece fuera de la OTAN y de la UE, pero se ha unido a la Asociación para la Paz de la OTAN, ha participado en misiones internacionales de mantenimiento de la paz y ha impuesto sanciones a otros países.

Ese margen de maniobra fue el eje central de la votación del domingo. El gobierno argumentó que imponer una definición constitucional más estricta eliminaría la flexibilidad que ha permitido que Suiza pueda adaptarse a las circunstancias.

Las tensiones alcanzaron su punto álgido tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. La decisión de Suiza de adoptar en gran medida las sanciones de la UE contra Moscú resultó controvertida a nivel interno y dio pie a la campaña de Blocher. Los críticos sostenían que Berna había comprometido su neutralidad.

Sin embargo, para muchos miembros del sector empresarial suizo con proyección internacional, acatar las sanciones occidentales fue una medida pragmática, dada la dependencia del país respecto a los mercados europeos y a un sistema financiero mundial dominado por el dólar estadounidense.

Este argumento ha cobrado mayor relevancia a medida que se ha deteriorado la seguridad europea. Berna ha buscado una cooperación más estrecha con sus vecinos en materia de defensa aérea, ciberseguridad e interoperabilidad militar, precisamente el tipo de flexibilidad que la iniciativa podría haber limitado.

Markus Mäder, secretario de Estado de Política de Seguridad de Suiza, le declaró este año al Financial Times (FT) que el país se considera "parte integrante de la seguridad europea".

La población suiza ha "rechazado firmemente el aislamiento y mantiene su compromiso con la cooperación europea", afirmó Beat Wittmann, presidente de la consultora empresarial suiza Porta Advisors.

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