Durante la visita del presidente de los Estados Unidos a China se espera que se traten varios temas de repercusión transnacional, entre ellos el conflicto entre Ucrania y Rusia, que ya ha durado más de cuatro años y frente al cual la posición europea es de defensa de Ucrania, la de Estados Unidos de llamado al cese al fuego y la de China es evitar sanciones occidentales adicionales para el país con el que tiene más lazos estratégicos.
En este contexto, Latinoamérica tiene poca presencia, más allá de la indumentaria utilizada por Marco Rubio, el ciudadano estadounidense de origen cubano que funge como el secretario de Relaciones Internacionales de ese país y que eligió como traje para el trayecto en el avión presidencial el mismo atuendo deportivo que tenía Nicolás Maduro cuando fue capturado por militares norteamericanos en el mes de enero de este año. La prensa europea ha comentado sobre el permiso especial que hubo que darle a Rubio para poder visitar oficialmente el país, ya que hace muchos años se le había emitido impedimento de entrada por declaraciones hechas antes de ser ministro y, para poder dejarlo entrar, el Gobierno chino decidió cambiar la manera de escribir el nombre y así no se viola ninguna normativa.
Resulta gracioso el origen hongkonés del encargado de Comunicaciones de la Casa Blanca que hizo pública la foto, Stephen Cheung. La diversidad social de los Estados Unidos permite que sea un nieto de chinos quien le dé proyección a las demostraciones de fuerza presentadas por un hijo y nieto de cubanos. Ahí todo el mundo estaba "echando vainas", Dios el primero, porque no deja de ser una ironía que la diversidad social no sea el tema preferido de la presente administración política de los Estados Unidos.
Otra ironía es que, aunque se supone que, con notables excepciones, la mayoría del territorio ubicado al sur del río Grande sea zona de influencia de los Estados Unidos. Sin embargo, sabemos que sobre todo a través de los partidos comunistas en cada país, en los años setenta y ochenta del siglo pasado hubo conocimiento sobre la realidad soviética y ahí, lo más acertado es el comentario de Alvin Rubinstein, ciudadano estadounidense especialista en la Unión Soviética que operaba bajo la máxima de que para formar un comunista era importante enviarlo a París, donde se defendía con mucha precisión la bondad teórica de este sistema y que, si por el contrario, el interés era formar un capitalista, convenía enviarlo a la Unión Soviética.
Esos enviados, en su mayoría varones, fueron capaces de visualizar que se trataba de un conjunto de repúblicas, no solo “Rusia”, como se decía comúnmente y, dentro de estas, una de las más conocidas era Ucrania por su tamaño, fuerza y por ser la tierra natal de uno de los líderes de más larga duración al mando, Leonid Brézhnev. Contrario a lo esperado, Latinoamérica es capaz de ver las sutilezas de la relación entre estas dos naciones. Impresionantemente, uno de los países donde existe una mayor relación con Ucrania es la República Dominicana, que era el principal importador de productos ucranianos antes de la eclosión del conflicto en el año 2022 y que tan recientemente como este mismo año 2026 reconoció un consulado para las relaciones comerciales entre ambos países.
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