Muchos municipios están experimentando una transformación en su estructura urbana. Durante décadas, su crecimiento se ha caracterizado fundamentalmente por la expansión horizontal, acompañada en los últimos años por una creciente tendencia hacia la construcción de edificaciones de tres y cuatro niveles y algunos municipios de mayor elevación. Este proceso de expansión y densificación plantea nuevos desafíos para la planificación urbana, particularmente en materia de espacio público, movilidad, drenaje, temperatura urbana, biodiversidad y calidad ambiental.
Este crecimiento generalmente se acompaña con la tala de árboles. Pero, problema no consiste únicamente en que la ciudad siembren "más árboles". El desafío es construir una infraestructura verde urbana capaz de acompañar el crecimiento y contribuir a hacerlo ambientalmente sostenible.
En el caso del municipio de Bani el Plan Municipal de Desarrollo 2024-2028 reconoce la dimensión ambiental y plantea acciones vinculadas con la sostenibilidad. Asimismo, el Plan Regulador del municipio incorpora un Sistema de Áreas Verdes y Zonas Protegidas y establece disposiciones específicas sobre arborización urbana.
Sin embargo, existe una brecha entre la existencia de estas disposiciones y la construcción efectiva de una política urbana de infraestructura verde. El marco regulatorio establece como responsabilidad municipal la elaboración de herramientas para el manejo del arbolado, la evaluación del arbolado existente, una lista de especies permitidas, pero, eso rara vez se ejecuta
La cuestión central, por tanto, no es solamente si Baní , o cualquier municipio tiene normas sobre arborización, sino si estas normas están siendo convertidas en una política territorial coherente, medible y sostenida.
Una crítica al modelo de desarrollo urbano
El principal problema que se observa íes la separación entre crecimiento urbano y estructura ambiental.
La expansión de la ciudad ha producido una progresiva ocupación del suelo, en muchos casos suelo de vocación agrícola, mientras los árboles y las áreas verdes tienden a quedar como elementos secundarios del desarrollo urbano. Esta lógica resulta particularmente problemática en un contexto de aumento de las temperaturas y mayor demanda de espacios públicos de calidad.
La aparición de edificaciones de varios niveles puede contribuir a una ciudad más compacta, pero la densificación vertical no debería significar simplemente más metros cuadrados construidos sobre menos suelo natural.
La planificación urbana contemporánea reconoce que la densificación de las ciudades solo es sostenible cuando se acompaña de una estrategia integral de infraestructura verde y territorial. El aumento de la población y de las edificaciones debe ir de la mano con una mayor superficie de áreas verdes, la siembra de árboles de sombra, la preservación de suelos permeables y la creación de corredores ecológicos que conecten los distintos ecosistemas urbanos. Asimismo, resulta imprescindible garantizar espacios públicos accesibles y de calidad, recuperar los cauces y áreas ribereñas, reducir las superficies impermeables que agravan las inundaciones y las islas de calor, y fortalecer la infraestructura destinada a peatones y ciclistas. Más que concentrar edificaciones, la ciudad sostenible del siglo XXI debe procurar un equilibrio entre desarrollo urbano, bienestar social y protección ambiental, convirtiendo la naturaleza en un componente estructural de la vida urbana y no en un elemento secundario del crecimiento económico.
En otras palabras, necesita pasar de una concepción de la ciudad como infraestructura gris a una concepción de la ciudad como sistema socio ecológico.
La principal debilidad: una política de arborización fragmentada
El plan municipal de ordenamiento territorial de acuerdo a la ley 368-22 contiene elementos importantes. Incluso establece que los proyectos de urbanización deben presentar propuestas de arbolado y su correspondiente siembra.
También existen criterios municipales recientes para la arborización de aceras: preferencia por especies nativas o endémicas, consideración del desarrollo de las raíces y diferentes marcos de plantación según el tamaño del árbol.
El problema es que la siembra de árboles, puede ser interpretada principalmente como normas de jardinería y ornato, pero es más, debe formar parte de una política de planificación urbana de mayor alcance y responder a esta preguntas. y otras mas
¿Dónde deben concentrarse los árboles? ¿Qué corredores deben conectarse? ¿Qué especies corresponden a cada espacio? ¿Cuántos árboles necesita la ciudad? ¿Qué superficie verde debe garantizar cada nuevo proyecto inmobiliario? ¿Quién cuidará los árboles después de plantarlos?¿Cómo se medirá el aumento de cobertura arbórea? Son preguntas necesaria para garantizar una “ciudad jardín”
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