En el ámbito de la promoción de las acciones solidarias en nuestro país y alrededor del mundo hay grandes ejemplos de hombres y mujeres que han buscado servir a los demás de manera desinteresada y en ese camino encontrar su propósito en este mundo. Pero de los que he conocido ninguno se me parece al ejemplo de vida que nos está dejando todavía hoy Julia Tavares-Bucher.
Una mujer discreta que con su caminar diligente, su paciencia, su amor por la humanidad, su saber estar, su elegancia de espíritu puesta irremediablemente al servicio de las causas más apremiantes, más necesitadas de nuestra sociedad, hace resplandecer el entorno y las vidas que se dejan impactar por la luz que emanan de sus acciones solidarias.
Julia ha sido una ingeniera de la solidaridad. Y es que tenemos muchos filósofos, poetas, pensadores, escritores y otros artistas y profesionales que, muy genuinamente, nos motivan a servir a otros pero Julia aporta desde el ser, una visión pragmática, su orientación a lo concreto y a la acción dedicándose a construir con sus manos junto a otras personas extraordinarias en SERVIR-D, un camino por medio del cual otros hemos podido entender, asimilar y mirar más allá de nuestras propias necesidades para fijar la mirada en los demás.
Ese tipo de talento no es algo que aparezca todos los días, porque si bien necesitamos estar motivados es también de gran utilidad contar con la experiencia y el acompañamiento que brinda el camino construido y ya transitado cuyo sendero nos acerca a ese ideal que hay en muchos de nosotros de una sociedad fraterna, justa y solidaria por la cual tantos voluntarios y organizaciones cada día se levantan a dar lo mejor de sí mismos.
En el año internacional del voluntariado y a propósito de su cumpleaños con este artículo quiero rendir homenaje a la labor de esta mujer extraordinaria que está aquí aún entre nosotros, cambiando vidas, abriendo oportunidades, luchando a su estilo por un mundo mejor.
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