En junio del 2025, Donald Trump Jr. y su hermano Eric anunciaron con bombos y platillos su nuevo proyecto. Se trataba del teléfono móvil Trump T1, un artefacto de cobertura dorada que, según los propios vástagos de Trump, representaba una especie de propuesta alternativa y patriótica a los teléfonos Apple y Samsung de uso común entre la ciudadanía estadounidense. Según se indicó, el aparato sería orgullosamente diseñado y construido en los Estados Unidos.
Con un precio de 499 dólares, los interesados podrían apartar el suyo con un depósito de 100 dólares. Y puesto que el apellido Trump todavía tiene empuje y seguidores, casi 600 mil adeptos u admiradores MAGA, curiosos o trumpistas respondieron de inmediato enviando sus 100 dólares para ser parte de este nuevo proyecto que habría de hacer historia en los Estados Unidos (según reportó el International Business Times). En su sitio web también se indicó que dicho teléfono sería "designado con valores norteamericanos en mente", "moldeado por la innovación americana". Nunca explicaron qué significaban ambos señalamientos.
La Organización Trump se hizo con unos 59 millones de dólares. El artefacto estaba destinado a ser enviado en el mes de agosto que transcurrió, luego llegó septiembre, octubre y demás meses en el calendario y vamos ya por el mes de mayo del 2026 y ni fu ni fua… En abril del corriente, el prometido Trump móvil cambió los términos y condiciones para incluir un párrafo en donde se alertaba que dicho depósito "no era una garantía de que el artefacto habría de ser producido o puesto a disposición para la compra". Además, agregaron que "no se crea un contrato de venta"…
Los furiosos e incautos clientes, al darse cuenta de que habían sido víctimas de otro colosal tumbe a la usanza Trump, empezaron a protestar exigiendo justamente el reembolso de sus 100 dólares sin ninguna respuesta convincente. Aún más: allí donde se afirmaba que dicho artefacto habría de ser manufacturado en los Estados Unidos también fue quitado una vez los ejecutivos confirmaron que la mayoría de la producción se efectuaría en el extranjero. Toda esta desconsideración y abierta burla ha generado un descontento amplio en un segmento importante de los seguidores del trumpismo.
Representantes del servicio al cliente han provisto todo tipo de explicaciones irrelevantes y hasta contradictorias, culpando inclusive la tardanza al cierre del gobierno hace unas semanas. Con todo, el pasado mes de enero los ejecutivos de la empresa recibieron por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones (Federal Communications Commission) la autorización para operar. Durante el mes de febrero, ejecutivos del Trump móvil presentaron un prototipo de lo que habría de ser el artefacto. Allí aclararon que el mismo no sería fabricado en los EE. UU. sino ensamblado en su última etapa en Miami.
Aún se espera la certificación por parte de una de las compañías dueña de una red celular. Esto representa sin lugar a duda un conflicto de intereses, ya que T-Mobile como entidad privada se rige por las leyes federales y regularmente acude a la Casa Blanca en busca de ayuda y mediación para lanzar otras iniciativas. Ahora, con la entrada de la Organización Trump al negocio de las telecomunicaciones y socia de la empresa T-Mobile como se espera, la misma enfrenta junto a Trump serios conflictos de intereses.
Y nos seguimos preguntando y a la vez sorprendiendo. ¿Hasta cuándo? Tras asumir el cargo por una segunda vez, la familia Trump ha incrementado sus ganancias en unos 3,4 billones de dólares en diversos negocios. ¿Será posible que un narcisista consumado, vulgar, fabulador, vengativo, misógino, racista, clasista y con un pobre intelecto pueda, junto a su círculo íntimo, llegar hasta aquí?
¿Por qué quejarnos? Siempre ha sido así su modus operandi. Ya bien lo había descrito Anne Applebaum en su libro Autocracia, Inc.: los dictadores que quieren dirigir el mundo (2024):
"Hoy en día las autocracias son dirigidas no por un solo individuo malo, sino por redes sofisticadas que se valen de estructuras financieras cleptocráticas, un complejo de servicios de seguridad militarizado, paramilitares, policía y expertos tecnológicos quienes proveen vigilancia, propaganda y desinformación"…
En sus negocios de bienes raíces, la universidad fraudulenta, los casinos, venta de biblias, concursos de belleza y, como en este caso, a sus propios seguidores. Ojalá pues estos escándalos de corrupción, los continuos desaires, sus exabruptos ante la prensa y el mundo continúen fragmentando y alejando a la porción del electorado que una vez lo llevó al poder, y de este modo el repudio y cansancio continúe ensanchándose de cara a las próximas elecciones, para que el país pueda deshacerse de tal funesto personaje y su séquito.
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