Donald Trump viaja a Beijing esta semana en el contexto de dos guerras que le han salido mal: la guerra real que lanzó contra Irán en febrero y la guerra comercial contra China que intensificó drásticamente en abril de 2025.

La bravuconería característica del presidente estadounidense servirá para ocultar la debilidad de su posición. Es poco probable que los chinos se lo restrieguen en la cara. Saben cómo guardar las apariencias ante los visitantes extranjeros cuando les resulta conveniente.

La realidad, sin embargo, es que es Xi Jinping quien "tiene cartas más fuertes" (por usar una frase que le gusta a Trump). El as del presidente chino es el cuasi monopolio de su país sobre la producción de tierras raras y minerales críticos que son cruciales para el funcionamiento de la industria estadounidense.

China jugó esta carta con resultados contundentes en respuesta a los aranceles del "día de la liberación" de Trump, que elevaron brevemente los gravámenes de EE. UU. sobre las importaciones chinas al 145 por ciento. La respuesta casi instantánea de Beijing fue restringir las exportaciones de minerales críticos. En cuestión de semanas, comenzaron a cerrarse líneas de producción en algunas fábricas estadounidenses. En cuestión de meses, EE. UU. había aceptado una "tregua" comercial que redujo los aranceles. Los gravámenes estadounidenses sobre los productos chinos siguen siendo altos en términos históricos, pero parecen estar en un nivel con el que Beijing puede vivir fácilmente. El superávit comercial global de China se mantiene en niveles casi récord.

Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, afirma que EE. UU. podrá reducir la dependencia del control chino sobre los minerales críticos en un plazo de dos años. Pocos expertos coinciden con esa evaluación. Por el contrario, podría requerirse un esfuerzo sostenido de una década o más para desarrollar las cadenas de suministro alternativas que liberarán a la industria occidental (y a ciertos sectores del ejército estadounidense) de la dependencia de los insumos procedentes de China.

El equivalente estadounidense al control chino sobre las tierras raras debía ser su liderazgo en alta tecnología, en particular, en los chips semiconductores más avanzados. La administración Biden impuso restricciones considerables a las exportaciones de tecnología a China, con la intención de preservar esa ventaja.

Pero estas restricciones, aunque muy inconvenientes para China, no han impedido el rápido desarrollo de la industria tecnológica del país. Se dice que los modelos de inteligencia artificial (IA) de China están ahora a solo unos seis meses de igualar a sus rivales estadounidenses. China también está muy por delante en algunas industrias del futuro, como los vehículos eléctricos. Mientras tanto, los principales fabricantes de chips de EE. UU., en particular Nvidia, han presionado para que se suavicen las restricciones a las exportaciones de tecnología, argumentando que perderán valiosos mercados frente a los competidores chinos, que se desarrollan rápidamente.

La posición estratégica de Trump se ha visto aún más debilitada por el fiasco de la guerra con Irán. El presidente de EE. UU. tenía previsto inicialmente viajar a Beijing a mediados de abril. Aplazó el viaje, aparentemente con la esperanza de resolver el conflicto con Irán antes de reunirse con Xi. En cambio, llegará a China con el estrecho de Ormuz aún cerrado de facto y furioso por la incapacidad de EE. UU. para doblegar a Irán a su voluntad.

¿Aprovechará Xi la debilidad de Trump? Si el líder chino juega bien sus cartas, utilizará la necesidad de su visitante de obtener algunas "victorias". Es probable que China acepte realizar algunas compras importantes de productos estadounidenses que le darán a Trump algo de qué presumir. Una oferta china para realizar grandes inversiones en EE. UU. podría tentar a Trump, aunque sus asesores de seguridad la verían con recelo. A cambio, los chinos podrían buscar más concesiones en materia comercial.

China también podría dar su visto bueno a la creación de una Junta de Comercio. Al igual que la Junta de Paz de Trump, la Casa Blanca la presentará como una alternativa a las instituciones multilaterales en crisis: la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el caso de la paz; y la Organización Mundial del Comercio (OMC) en lo que respecta al comercio. La realidad es que es muy poco probable que una nueva junta comercial resuelva los desequilibrios comerciales, al igual que la nueva junta de paz ha sido misteriosamente incapaz de ponerle fin al conflicto en el Medio Oriente. Pero para los chinos, aceptar un anuncio llamativo tiene pocas desventajas, si eso mantiene contento a Trump.

El gran tema geopolítico sobre la mesa será el futuro de Taiwán. Los chinos han dejado claro que quieren algo al respecto.

Antes de la visita se ha especulado con que Trump podría cambiar la postura de EE. UU. sobre el futuro de la isla al decir explícitamente que EE. UU. se opone a la independencia de Taiwán, en lugar de simplemente no apoyarla. Eso puede parecer un pequeño cambio semántico. Pero se consideraría una gran victoria para Xi tanto en Beijing como en Taipéi, ya que aumentaría la presión sobre los taiwaneses para que acepten las conversaciones de "reunificación". Incluso he oído a algunos comentaristas chinos entusiastas comparar la visita de Trump esta semana con el viaje de Margaret Thatcher a Beijing en 1984, durante el cual la líder británica acordó devolver la soberanía sobre Hong Kong a China.

Esa analogía es errónea. Taiwán no es una colonia de EE. UU., por lo que Trump no puede cedérsela a China. Sin embargo, el presidente de EE. UU. puede debilitar seriamente la posición de Taiwán al dar señales de una reducción del apoyo político y militar a la isla autónoma.

Quizás al propio Trump no le importe mucho el destino de Taiwán. Pero a muchos de sus asesores y al Congreso de EE. UU. sí les importa. Es probable que se opongan enérgicamente si el presidente da un giro radical en su política.

Trump llega a Beijing como un líder impopular en una posición debilitada. Pero Xi podría estar satisfecho con avances graduales por ahora. Puede permitirse jugar a largo plazo.

(Gideon Rachman. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

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