La música de alabanza religiosa cantada por los negros esclavizados en las colonias inglesas de América del Norte se denominaba “Negro spirituals” y era una manera de reflejar la confianza en Dios y esperanza en un mundo mejor a pesar de vivir en condiciones realmente terribles. Este tipo de manifestación desarrolló a partir de finales del siglo XVII, cuando el sistema esclavista fue creciendo y generando más riquezas. Se trataba más que nada de canciones a una o más voces, interpretadas tanto en los lugares de trabajo (forzado) como en los de devoción religiosa.
La guerra de secesión (American Civil War) trajo el fin formal de la esclavitud y la mejoría económica y social de muchos descendientes de esos antiguos esclavos. Las composiciones desarrolladas por estos herederos de esa tradición empezaron a llamarse “Black Gospel songs” porque, aunque continuaba teniendo como tema la resiliencia espiritual, ya empezaba a ser concebida, tocada y cantada por personas a quienes se le conocía su individualidad y que podían disponer de otros instrumentos musicales además de la voz.
En el siglo XX empezaron a crearse canciones que no necesariamente se referían a creencias religiosas y que continuaban reclamando la dignidad de negros y mulatos en ese territorio. Es el caso de la famosa “Strange Fruit” de Billie Holliday, que denuncia la práctica de asesinar por ahorcamiento y dejar colgados a trabajadores negros en el sur de los Estados Unidos. Con el crecimiento de las luchas por los derechos civiles vinieron canciones únicamente centradas en ese objetivo, como la célebre “We shall overcome” (inspirada en una frase de Martin Luther King).
Una hermosa evolución fue que esta lucha integró a autores que no eran descendientes de los que habían sufrido a causa de estas tradiciones, como es el caso de Bob Dylan, autor de la conocida “Blowing in the Wind”. Y es que en ese siglo XX, la producción y apreciación musical empezó a reflejar el crisol en que se estaba convirtiendo esa nación con un Elvis Presley que popularizaba ritmos aprendidos junto a representantes de los sectores segregados.
En este siglo XXI, se destaca una evolución todavía de mayor alcance: en el año electoral 2024 Joe Scaraborough, abogado y antiguo diputado republicano convertido en comentarista de televisión produjo “No Guarantees” una canción cuya melodía y letra están inspiradas en el góspel del sur de los Estados Unidos donde él creció. En corto: la influencia que antes se asociaba con los esclavos ahora es utilizada por quien tiene muchos chances de ser descendiente de antiguos esclavistas. Más: en este convulso mes de enero de 2026 hay numerosas personas que han vuelto a utilizar las melodías y facilidades de las canciones religiosas para expresar sus deseos de un mundo más justo. Los EE. UU. están dando más señales de evolución de lo que algunas coberturas noticiosas nos harían creer.
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