Una de las cosas que más me gusta hacer es visitar los mercados e ir a las ferias. Ver los vegetales, los víveres, las verduras, en fin, todo lo que se produce en el campo.
Nuestro barrio chino no es muy grande, apenas tiene un área comprendida entre la Av. México al norte, Av. Mella al sur, José Martí al este y Av. Duarte al oeste. En él encontramos algunos restaurantes, dos o tres supermercados y unas cuantas tiendas, aunque pequeñas.
La Av. Duarte permanece cerrada cada domingo desde la Mella hasta la México porque se celebra a partir de las seis de la mañana una feria en la que participan productores agrícolas chinos quienes traen sus productos desde Jarabacoa y Constanza.
En el recorrido partiendo desde la Mella y del lado izquierdo encontramos pescados de todas las clases posibles. Mariscos, incluyendo langostas, calamares gigantes, ostras, etc.
En el lado derecho tenemos mondongo, hociquitos y orejitas de cerdo, le siguen los patos ya desplumados y por último los “cocotes” y patas de pollo.
Luego les toca el turno a los vegetales, todo en grandes paquetes, el cilantrico, la espinaca, el puerro, berro, papas, zanahorias, auyama, yuca, batata, frutas de temporada y demás.
En la esquina Benito están los pollos y gallinas criollas, así como los huevos criollos.
Al cruzar la Benito, en la cuadra hasta la México está el área de comida cocinada. Toda clase de frituras, empanaditas de harina de arroz, de batata, de yuca. Pinchos de todas clases, jugos, yun yun, carnes y panes especiales.
Cada puesto está atendido por las chinas y sus hijos, aunque tienen muchos empleados de otras nacionalidades.
Suerte que tienen personal dominicano que atienden a lo largo de la feria, porque el idioma que se escucha es desconocido para nosotros, con un tono característico, melodioso y algo chillón.
Nos encontramos chinos por aquí, chinos por allí, parejas jóvenes con sus chinitos, parejas viejas, uno alante y otro atrás. Pantalones “salta charcos”, chancletas “samurai”, que creo solo ellos ya las usan. Dueños de restaurantes comprando productos que usarán luego en sus negocios.
En estos últimos domingos he disfrutado de algo que me ha llenado de satisfacción y alegría. Como trabajé en un colegio de la Zona Colonial en la década de los setenta y ochenta que era el escogido por la colonia china de ese entonces, por su cercanía con la Duarte, pasaron por mis manos muchas chinitas. Y ¡Oh sorpresa! Me he encontrado cantidad de esas que fueron mis alumnitas, ya casadas y con hijos grandes. Lo más interesante, ellas me han reconocido, pero yo también a ellas y nos hemos fusionado en fuertes abrazos.
Hay algo para destacar, si usted va temprano notará una gran cantidad de vegetales que no sirven y que los van descartando. Se puede pensar que quedará el desastre más grande inimaginable, pero no, si vuelve a pasar por el área ocupada luego del mediodía la encontrará impecable, sin un solo papelito u hojas que digan que ahí hubo una feria toda la mañana.
Si quiere vivir algo diferente, si le gustan las ferias como a mí, déjese caer un domingo por el barrio chino que tiene una feria desde las seis de la mañana hasta el mediodía y disfrutará de una experiencia inolvidable. Podrá comprar vegetales y pescados frescos, degustar los ricos platos chinos preparados en el momento y ante sus ojos.
Disfrutar del barrio chino y su mercado de vegetales y frutas los domingos es una gran aventura, es un verdadero placer.
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