Este 27 de febrero celebramos el 182 aniversario de nuestra independencia y el nacimiento de la República Dominicana, fruto del valor y la visión de mujeres y hombres que, junto a Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella, se atrevieron a soñar con un país libre y soberano. Mantener vivo ese espíritu es fortalecer la democracia y asumir con responsabilidad nuestro compromiso ciudadano.
Nuestra cultura política establece que cada año el presidente rinda cuentas ante la Asamblea Nacional, en el Congreso Nacional, con la presencia de los poderes del Estado, el cuerpo diplomático y representantes de distintos sectores.

Este año el discurso no estuvo rodeado de grandes expectativas, probablemente porque el descontento ciudadano es evidente ante situaciones como el desfalco de SENASA, los dos apagones en menos de 100 días, el alto costo de la vida y de los medicamentos, y la persistente falta de agua potable, factores que mantienen en zozobra a muchas familias.

No se trata únicamente de los escándalos conocidos, como irregularidades en compras durante la pandemia o contrataciones cuestionables.

La gente está desilusionada, disgustada, enojada, por el comportamiento de algunos funcionarios públicos, que han demostrado desde mal manejo de la cosa pública hasta indolencia, como en el caso del desfalco a SENASA.

El presidente Luis Abinader habló durante 2 horas y 45 minutos, en uno de los discursos más extensos de los últimos tiempos. El documento, de 85 páginas y 19,549 palabras, detalló las obras ejecutadas en sus cinco años de gestión y mientras lo escuchaba recordé un consejo de mi bisabuela: para comunicar con eficacia no hacen falta tantas palabras; menos es más. Hablar con claridad y precisión evita el cansancio y los malos entendidos.
En un contexto de merma en su popularidad, el mandatario presentó un inventario exhaustivo, provincia por provincia, con el propósito de proyectar que el cambio prometido continúa. No obstante, el contraste entre cifras y realidad plantea muchas interrogantes, sobre todo al contrastar los datos con otros períodos.

Para 2025 se ejecutó un presupuesto general de RD$1 billón 681,728.1 millones, con más de RD$47,290 millones destinados a infraestructura. En 2019, con un presupuesto de RD$921,810.6 millones, la inversión en infraestructura superó los RD$56,345 millones. Los números muestran que la inversión relativa en este renglón no ha sido mayor. Son cifras oficiales.

Pero el desarrollo no se mide por la cantidad de obras, sino por la calidad del crecimiento y su impacto en la movilidad social, en la que educación, salud, empleo, vivienda y tecnología son indicadores determinantes.

En estos casi seis años, muchos ciudadanos perciben un deterioro estructural en la calidad de servicios públicos esenciales y más allá de escándalos conocidos, el problema es estructural: atención primaria inexistente, hospitales sin insumos básicos, infraestructuras recién intervenidas con fallas, como el colapso de un ala hospitalaria en Espaillat que afectó a una persona.

Una mejor educación y salud elevan la productividad y permiten que nuestros hijos vivan mejor que nosotros. El crecimiento del PIB solo tiene sentido si se traduce en calidad de vida y oportunidades para los más vulnerables.

En la lucha contra la corrupción, bandera central del presidente en su ascenso político frente al PLD, la Dirección General de Ética ha referido más de 300 casos en la actual gestión y sin embargo, varios expedientes han avanzado solo tras investigaciones periodísticas que los han puesto en evidencia.

La ciudadanía no percibe resultados firmes ni recuperación efectiva de recursos y aunque el mandatario reiteró que no existen intocables ni protegidos y que nadie está por encima de la ley, esa afirmación debe reflejarse en sentencias definitivas, recuperación real de fondos y cumplimiento estricto de la normativa. Sin integridad institucional y eficiencia en el uso de los recursos públicos, se erosiona la confianza, se frena el desarrollo y se debilitan la democracia y el Estado de derecho.

Este pueblo trabajador defiende cada día su soberanía con fe en un futuro mejor. Como expresó Juan Pablo Duarte, “no es la cruz el signo del padecimiento: es el símbolo de la redención”.

Janet Camilo

Ministra de la Mujer

Se define desde siempre como una defensora de los derechos de la mujer, una feminista a carta cabal que nació en Salcedo, provincia Hermanas Mirabal y aprendió de su bisabuela las primeras ideas libertarias, con ella forjó su carácter abierto y con ella también cultivó la transparencia en las relaciones interpersonales. La actual Ministra de la Mujer, Vicepresidenta de la Internacional Socialista de Mujeres y Presidenta del Instituto Latinoamericano Mujer y Política, desde niña se vinculó a las artes, el deporte, la literatura y a los 13 años se integró al servicio comunitario de la iglesia católica, grupo con el que se fue a localidades rurales a alfabetizar y contribuir a la educación formal, aunque en ese momento su sueño era el cine. La influencia de la bisabuela fue tal, que cuando Janet le pidió que le enseñara a cocinar, ésta le dijo que no la quería ver toda la vida detrás de fogones, que estudiara, pero entre una cosa y otra, entre un tema y otro, Janet aprendió a cocinar y a amar la política. El Padre de Janet, Antonio Manuel Camilo era funcionario gubernamental del Partido Reformista Social Cristiano, pero a los 15 años la niña hacía pininos en la política con el diputado del Partido de la Liberación Dominicana Jaime David Fernández Mirabal. Al concluir el bachillerato se mudó a Santo Domingo e inició la carrera de arquitectura en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña. Analizó la situación de las arquitectas que ejercían, descubrió que pocas lo hacían y con determinación cambió para estudiar Derecho y en esta profesión se licenció. En las aulas entabló muchas relaciones, entre ellas con hijos e hijas de dirigentes políticos y es así como coincidió con la hija del entonces Síndico del Distrito y dirigente del Partido Revolucionario Dominicano, Rafael Suberví Bonilla, quien rápido detectó sus cualidades y condiciones para el ejercicio de la política. Corría el año 1991 y en un almuerzo al que fue invitada, en el que participó el ahora fenecido líder del PRD, José Francisco Peña Gómez, nació la carrera política Janet Camilo, hoy Vice Presidenta Nacional, Secretaria de Asuntos Electorales de esa organización política y Ministra de la Mujer. Allí mismo se convenció de que quería ser política. Se integró al movimiento Compromiso Nacional en apoyo a Peña Gómez y luego se juramentó en el PRD y al terminar los estudios de Derecho, cursó una maestría en Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Ver más